En mayo y junio de 1913 su vida tranquila y de estudio se vio bruscamente interrumpida cuando, a raнz de una conversaciуn con un periodista de
En julio volviу a Londres para hacerse ver por los mйdicos, que debнan informar al Foreign Office si eran exactas las razones de salud que alegaba para renunciar a la diplomacia. Aunque, pese a la intensa actividad desplegada con motivo de la epidemia de Connemara, no se sentнa mal, pensу que el examen serнa un mero trбmite. Pero el informe de los mйdicos fue mбs serio de lo que pensaba: la artritis en la columna vertebral, el ilнaco y las rodillas, se habнa agravado. Se podнa aliviar con un tratamiento riguroso y una vida muy quieta, pero no era curable. Y no se podнa descartar que, si avanzaba, lo dejara tullido. El Ministerio de Relaciones Exteriores aceptу su renuncia y, en vista de su estado, le concediу una pensiуn decorosa.
Antes de regresar a Irlanda, decidiу ir a Parнs, accediendo a una invitaciуn de Herbert y Sarita Ward. Le alegrу volver a verlos y compartir el cбlido ambiente de ese enclave Africano que era su casa parisina. Toda ella parecнa una emanaciуn del gran taller donde Herbert le mostrу una nueva colecciуn de sus esculturas de hombres y mujeres del Бfrica y, tambiйn, algunas, de su fauna. Eran piezas vigorosas, en bronce y en madera, de los ъltimos tres aсos, que iba a exponer en el otoсo en Parнs. Mientras Herbert se las enseсaba, contбndole anйcdotas, mostrбndole bocetos y modelos en pequeсo formato de cada una de ellas, volvнan a la memoria de Roger abundantes imбgenes de la йpoca en que йl y Herbert trabajaron en las expediciones de Henry Morton Stanley y de Henry Shelton Sanford. Habнa aprendido mucho escuchando a Herbert referir sus aventuras por medio mundo, la gente pintoresca que conociу en sus andanzas australianas, sus vastas lecturas. Su inteligencia seguнa igual de aguda asн como su бnimo jovial y optimista. Su esposa, Sarita, norteamericana, rica heredera, era su espнritu gemelo, aventurera tambiйn y algo bohemia. Se entendнan de maravilla. Hacнan excursiones a pie por Francia e Italia. Habнan criado a sus hijos con el mismo espнritu cosmopolita, inquieto y curioso. Ahora los dos chicos estaban internos, en Inglaterra, pero pasaban todas sus vacaciones en Parнs. La chica,
Los Ward lo llevaron a cenar a un restaurante en la Tour Eiffel, desde el que se contemplaban los puentes del Sena y los barrios de Parнs, y a la Comedia Francesa a ver
Pero no todo fue amistad, comprensiуn y cariсo en los dнas que pasу con la pareja. El y Herbert habнan discrepado sobre muchas cosas, sin que ello entibiara nunca su amistad; al contrario, las discrepancias la vivificaban. Esta vez fue distinto. Una noche discutieron de manera tan viva que Sarita tuvo que intervenir, obligбndolos a cambiar de tema.
Herbert habнa tenido siempre una actitud tolerante y algo risueсa con el nacionalismo de Roger. Pero esa noche acusу a su amigo de abrazar la idea nacionalista de una manera demasiado exaltada, poco racional, casi fanбtica.