—Si la mayorнa de irlandeses quiere separarse de Gran Bretaсa, santo y bueno —le dijo—. Yo no creo que gane mucho Irlanda teniendo una bandera, un escudo y un presidente de la Repъblica. Ni que sus problemas econуmicos y sociales se resuelvan gracias a ello. A mi juicio, serнa mejor que se adoptara la Autonomнa por la que abogan
—їDeberнa volverme un colonialista en agradecimiento? —lo interrumpiу Casement—. їDeberнa aceptar para Irlanda lo que tъ y yo rechazamos para el Congo?
—Entre el Congo e Irlanda hay una distancia sideral, me parece. їO en las penнnsulas de Connemara los ingleses estбn cortando las manos y destrozando a chicotazos las espaldas de los nativos?
—Los mйtodos de la colonizaciуn en Europa son mбs refinados, Herbert, pero no menos crueles.
Sus ъltimos dнas en Parнs, Roger evitу volver a tocar el tema de Irlanda. No querнa que su amistad con Herbert se estropeara. Apenado, se dijo que en el futuro, sin duda, cuando se viera cada vez mбs comprometido en la lucha polнtica, las distancias con Herbert irнan creciendo hasta tal vez destruir su amistad, una de las mбs estrechas que habнa tenido en la vida. «їMe estoy volviendo un fanбtico?», se preguntarнa desde entonces, a veces, con alarma.
Al volver a Dublнn, a fines del verano, ya no pudo reanudar sus estudios de gaйlico. La situaciуn polнtica se habнa vuelto efervescente y desde el primer momento se vio arrastrado a participar en ella. El proyecto del Home Rule, que hubiera dado a Irlanda un Parlamento y amplia libertad administrativa y econуmica, apoyado por el Irish Parliamentary Party de
Roger Casement empezу a escribir en la prensa nacionalista, ahora sн con su nombre y apellido, criticando a los unionistas del Ulster. Denunciу los atropellos que en aquellas provincias cometнa la mayorнa protestante contra la minorнa catуlica, que los obreros de esta confesiуn fueran despedidos de las fбbricas y que los municipios de los barrios catуlicos se vieran discriminados en presupuestos y atribuciones. «Al ver lo que ocurre en el Ulster —afirmу en un artнculo—, ya no me siento protestante». En todos deploraba que la actitud de los ultras dividiera a los irlandeses en bandos enemigos, algo de consecuencias trбgicas para el futuro. En otro artнculo fustigaba a los clйrigos anglicanos por amparar con su silencio los abusos contra la comunidad catуlica.
Pese a que, en las conversaciones polнticas, se mostraba escйptico con la idea de que el Home Rule sirviera para liberar a Irlanda de su dependencia, en sus artнculos, sin embargo, dejaba asomar una esperanza: si la ley se aprobaba sin enmiendas que la desnaturalizaran e Irlanda tenнa un Parlamento, podнa elegir sus autoridades y administrar sus rentas, estarнa en el umbral de la soberanнa. Si eso traнa la paz їquй importaba que su defensa y su diplomacia siguieran en manos de la Corona britбnica?