Hizo varios viajes a Zossen donde, como era de esperar, Robert Monteith se habнa ganado a todos los reclutas de la Brigada. Gracias a sus нmprobos esfuerzos, йsta habнa aumentado en diez voluntarios. Las marchas y entrenamientos iban de maravilla. Pero los brigadistas seguнan siendo tratados como prisioneros por los soldados y oficiales ale manes y, a veces, vejados. El capitбn Monteith hizo gestiones en el Almirantazgo para que los brigadistas, como se lo habнan prometido a Roger, tuvieran un margen de libertad, pudieran salir al pueblo y tomar una cerveza en una taberna de cuando en cuando. їNo eran aliados? їPor quй seguнan siendo tratados como enemigos? Hasta ahora aquellos intentos no habнan dado el menor resultado.
Roger presentу una protesta. Tuvo una escena vio lenta con el general Schneider, comandante de la guarniciуn de Zossen, quien le dijo que no se podнa dar mбs libertad a quienes mostraban indisciplina, eran propensos a las peleas e incluso cometнan latrocinios en el campo. Segъn Monteith, estas acusaciones eran falsas. Los ъnicos incidentes se debнan a insultos que los brigadistas recibнan de los centinelas alemanes.
Los ъltimos meses de Roger Casement en Alemania fueron de constantes discusiones y momentos de gran tensiуn con las autoridades. La sensaciуn de que habнa sido engaсado no hizo mбs que crecer hasta su partida de Berlнn. El Reich no tenнa interйs en la liberaciуn de Irlanda, nunca tomу en serio la idea de una acciуn conjunta con los revolucionarios irlandeses, la Cancillerнa y el Almirantazgo se habнan servido de su ingenuidad y su buena fe haciйndole creer cosas que no pensaban hacer. El proyecto de que la Brigada Irlandesa luchara con el Ejйrcito turco contra los ingleses en Egipto, estudiado en todo detalle, se frustrу cuando parecнa a punto de concretarse, sin que le dieran explicaciуn alguna. Zimmermann, el conde Georg von Wedel, el capitбn Nadolny y todos los oficiales que participaron en los planes, de pronto se volvieron escurridizos y evasivos. Se negaban a recibirlo con pretextos fъtiles. Cuan do conseguнa hablar con ellos estaban siempre ocupadнsimos, sуlo podнan concederle unos minutos, el asunto de Egipto no era de su incumbencia. Roger se resignу: su anhelo de que la Brigada se convirtiera en una pequeсa fuerza simbуlica de la lucha de los irlandeses contra el colonialismo se habнa hecho humo.
Entonces, con la misma vehemencia con que habнa admirado a Alemania, comenzу a sentir por este paнs un desagrado que se fue convirtiendo en un odio semejante, o acaso mayor, que el que le inspiraba Inglaterra. Asн se lo dijo en una carta al abogado
Su estado de irritaciуn y malestar fнsico lo obliga ron a regresar a Mъnich. El doctor Rudolf von Hoesslin le exigiу que se internara en un hospital de reposo de Baviera, con un argumento contundente: «Estб usted al borde de una crisis de la que no se recuperarб nunca, a menos que descanse y olvide todo lo demбs. La alternativa es que pierda la razуn o sufra un quebranto psнquico que lo convierta en un inъtil para el resto de sus dнas».
Roger le hizo caso. Durante unos dнas su vida entrу en un perнodo de tanta paz que se sentнa un ser descarna do. Los somnнferos lo hacнan dormir diez y doce horas. Luego, daba largos paseos por un bosque vecino de arces y fresnos, en unas maсanas todavнa frнas, de un invierno que se negaba a partir. Le habнan quitado el tabaco y el alcohol y comнa frugales dietas vegetarianas. No tenнa бnimos para leer ni escribir. Permanecнa horas con la mente en blanco, sintiйndose un fantasma.
De este letargo lo sacу violentamente Robert Mon teith una soleada maсana de principios de marzo de 1916.
Por la importancia del asunto, el capitбn habнa conseguido un permiso del Gobierno alemбn para venir a verlo. Estaba todavнa bajo el efecto de la impresiуn y hablaba atropellбndose:
—Una escolta vino a sacarme del campo de Zossen y me llevу a Berlнn, al Almirantazgo. Me esperaba un grupo grande de oficiales, dos generales entre ellos. Me informaron lo siguiente: «El Comitй Provisional irlandйs ha decidido que el levantamiento tendrб lugar el 23 de abril». Es decir, dentro de mes y medio.
Roger saltу de la cama. Le pareciу que la fatiga desaparecнa de golpe y que su corazуn se convertнa en un tambor al que aporreaban con furia. No pudo hablar.
—Piden fusiles, fusileros, artilleros, ametralladoras, municiones —prosiguiу Monteith, aturdido por la emociуn—. Que el barco sea escoltado por un submarino. Las armas deben llegar a Fenit, Tralee Bay, en County Kerry, el Domingo de Pascua a eso de la medianoche.
—Entonces, no van a esperar la acciуn armada alemana —pudo decir por fin Roger. Pensaba en una hecatombe, en rнos de sangre tiсendo las aguas del Liffey.