Entre el 7 y el dнa de la partida, Roger no pegу los ojos. Escribiу un breve testamento pidiendo que si morнa toda su correspondencia y papeles fueran entregados a Edmund D. Morel, «un ser excepcionalmente justo y no ble», para que con esos documentos organizara una «memoria que salve mi reputaciуn luego de mi trбnsito».

Monteith, aunque, como Roger, intuнa que el Alzamiento serнa aplastado por el Ejйrcito britбnico, ardнa de impaciencia por partir. Tuvieron una conversaciуn a solas, de un par de horas, el dнa en que el capitбn Boehm les entregу el veneno que le habнan pedido por si eran capturados. El oficial les explicу que se trataba de curare amazуnico. El efecto serнa instantбneo. «El curare es un antiguo conocido mнo», le explicу Roger, sonriendo. «En el Putumayo vi, en efecto, a indios que paralizaban en el aire a los pбjaros con sus dardos empapados en este veneno». Roger y el capitбn fueron a tomar una cerveza en un kneipe vecino.

—Me imagino que le duele tanto como a mн partir sin despedirnos ni dar explicaciones a los brigadistas —dijo Roger.

—Lo llevarй siempre en mi conciencia —asintiу Monteith—. Pero es una decisiуn acertada. El alzamiento es demasiado importante para arriesgarnos a una filtraciуn.

—їCree usted que tendrй alguna posibilidad de detenerlo?

El oficial negу con la cabeza.

—No lo creo, sir Roger. Pero usted es muy respetado allб y, tal vez, sus razones se impongan. De todos modos, tiene que comprender lo que ocurre en Irlanda. Son muchos aсos preparбndonos para esto. Quй digo aсos.

Siglos, mбs bien. Hasta cuбndo vamos a seguir siendo una naciуn cautiva. Y en pleno siglo XX. Ademбs, no hay duda, gracias a la guerra йste es el momento en que Inglaterra es mбs dйbil en Irlanda.

—їNo tiene usted miedo a la muerte?

Monteith se encogiу de hombros.

—La he visto cerca muchas veces. En Бfrica del Sur, durante la guerra de los Boers, muy cerca. Todos tenemos miedo a la muerte, me imagino. Pero hay muer tes y muertes, sir Roger. Morir peleando por la patria es una muerte tan digna como morir por su familia o por su fe. їNo le parece?

—Sн, lo es —asintiу Casement—. Espero que, si se da el caso, muramos asн y no tragбndonos esta pуcima amazуnica, que debe ser indigesta.

La vнspera de la partida, Roger fue por unas horas a Zossen a despedirse del padre Crotty. No entrу al campamento. Hizo llamar al dominico y dieron un largo paseo por un bosque de abetos y abedules que comenzaban a verdear. El padre Crotty escuchу las confidencias de Roger demudado, sin interrumpirlo una sola vez. Cuando ter minу de hablar, el sacerdote se santiguу. Permaneciу largo rato en silencio.

—Ir a Irlanda, pensando que el Alzamiento estб condenado al fracaso, es una forma de suicidio —dijo, como pensando en voz alta.

—Voy con la intenciуn de atajarlo, padre. Hablarй con Tom Clarke, con Joseph Plunkett, con Patrick Pearse, con todos los dirigentes. Les harй ver las razones por las que este sacrificio me parece inъtil. En vez de acelerar la independencia, la retrasarб. Y…

Sintiу que se le cerraba la garganta y callу.

—Quй pasa, Roger. Somos amigos y yo estoy aquн para ayudarlo. Puede confiar en mн.

—Tengo una visiуn que no puedo sacarme de la cabeza, padre Crotty. Esos idealistas y patriotas que se van a hacer despedazar, dejando familias destrozadas, en la mi seria, sometidas a terribles represalias, al menos son conscientes de lo que hacen. Pero їsabe en quiйnes pienso todo el tiempo?

Le contу que, en 1910, habнa ido a dar una charla a The Hermitage, el local de Rathfarnham, en las afueras de Dublнn, donde funcionaba St. Enda's, el colegio bilingьe de Patrick Pearse. Luego de hablar a los alumnos, les donу un objeto que guardaba de su viaje por la Amazonia —una cerbatana huitoto— como premio a la mejor composiciуn en gaйlico de los estudiantes del ъltimo aсo. Le habнa impresionado enormemente lo exaltados que estaban esas docenas de jуvenes con la idea de Irlanda, el amor militante con que recordaban su historia, sus hйroes, sus santos, su cultura, el estado de йxtasis religioso en que cantaban las antiguas canciones celtas. Y, tambiйn, el espнritu profundamente catуlico que reinaba en el colegio al mismo tiempo que ese patriotismo ferviente: Pearse habнa conseguido que ambas cosas se fundieran y fueran una sola en esos jуvenes, como lo eran en йl y en sus hermanos Willie y Margaret, tambiйn profesores en St. Enda's.

—Todos esos jуvenes se van a hacer matar, van a ser carne de caсуn, padre Crotty. Con fusiles y revуlveres que ni siquiera sabrбn cуmo disparar. Cientos, millares de inocentes como ellos enfrentбndose a caсones, a ametralladoras, a oficiales y soldados del Ejйrcito mбs poderoso del mundo. Para no conseguir nada. їNo es terrible?

—Desde luego que es terrible, Roger —asintiу el religioso—. Pero tal vez no sea exacto que no conseguirбn nada.

Hizo otra larga pausa y luego se puso a hablar despacio, dolido y conmovido.

Перейти на страницу:

Поиск

Похожие книги