—El es mбs sabio que usted y que yo —afirmу el religioso—. No creo que Cristo vea nada malo en que un hombre tenga miedo. El lo tuvo, estoy seguro, en el camino del Calvario. Es lo mбs humano que hay їno es cierto? Todos tenemos miedo, estб en nuestra condiciуn. Basta un poco de sensibilidad para que nos sintamos a veces impotentes y atemorizados. Su acercamiento a la Iglesia es puro, Roger. Yo lo sй.

—Nunca tuve miedo a la muerte, hasta ahora. La vi cerca muchas veces. En el Congo, en expediciones por parajes inhуspitos, llenos de fieras. En la Amazonia, en rнos repletos de remolinos y rodeado de forajidos. Hace poco, al dejar el submarino, en Tralee, en Banna Strand, cuando zozobrу el bote y pareciу que nos ahogбbamos. Muchas veces he sentido la muerte cerquнsima. Y no tuve miedo. Pero ahora sн tengo.

Se le cortу la voz y cerrу los ojos. Desde hacнa algunos dнas, esos raptos de terror parecнan helarle la sangre, detenerle el corazуn. Todo su cuerpo se habнa puesto a temblar. Hacнa esfuerzos para serenarse, sin conseguirlo. Sentнa el castaсeteo de sus dientes y al pбnico se aсadнa ahora la vergьenza. Cuando abriу los ojos vio que el padre Carey tenнa las manos juntas y los ojos cerrados. Rezaba en silencio, moviendo apenas los labios.

—Ya pasу —musitу, confundido—. Le ruego que me disculpe.

—No tiene que sentirse incуmodo conmigo. Tener miedo, llorar, es humano.

Ahora estaba sereno de nuevo. Habнa un gran silencio en Pentonville Prison, como si los reos y carceleros de sus tres enormes pabellones, esos cubos con techos de dos aguas, se hubieran muerto o dormido.

—Le agradezco que no me haya preguntado nada sobre esas cosas asquerosas que, al parecer, dicen de mн, father Carey.

—No las he leнdo, Roger. Cuando alguien ha in tentado hablarme de ellas, lo he hecho callar. Ni sй ni quiero saber de quй se trata.

—Yo tampoco lo sй —sonriу Roger—. Aquн no se puede leer periуdicos. Un ayudante de mi abogado me dijo que eran tan escandalosas que ponнan en peligro el pedido de clemencia. Degeneraciones, vilezas terribles, por lo visto.

El padre Carey lo escuchaba con la expresiуn tranquila de costumbre. La primera vez que habнan conversa do en Pentonville Prison le contу a Roger que sus abuelos paternos hablaban entre ellos en gaйlico, pero que pasaban al inglйs cuando veнan acercarse a sus hijos. Tampoco el sacerdote habнa llegado a aprender el antiguo irlandйs.

—Creo que es mejor no saber de quй me acusan. Alice Stopford Green piensa que es una operaciуn montada por el Gobierno para contrarrestar la simpatнa que hay en muchos sectores en favor del pedido de clemencia.

—Nada se puede excluir en el mundo de la polнtica —dijo el religioso—. No es la mбs limpia de las actividades humanas.

Tocaron unos discretos golpecitos a la puerta, йsta se abriу y apareciу la cara abultada del sheriff:

—Cinco minutos mбs, padre Carey.

—El director de la prisiуn me concediу media hora. їNo se lo ha dicho?

El sheriff puso cara de sorpresa.

—Si usted lo dice, le creo —se excusу—. Disculpe por la interrupciуn, entonces. Le quedan veinte minutos todavнa.

Desapareciу y la puerta volviу a cerrarse.

—їHay mбs noticias de Irlanda? —preguntу Roger, de manera un tanto abrupta, como si de pronto hubiera querido cambiar de tema.

—Los fusilamientos han parado, por lo visto. La opiniуn pъblica, no sуlo allб, tambiйn aquн en Inglaterra, ha sido muy crнtica con las ejecuciones sumarias. Ahora, el Gobierno ha anunciado que todos los detenidos por el Alzamiento de Semana Santa pasarбn por los tribunales.

Roger Casement se distrajo. Miraba el ventanuco de la pared, tambiйn enrejado. Sуlo veнa un cuadradito minъsculo de cielo grisбceo y pensaba en la gran paradoja: habнa sido juzgado y condenado por traer armas para un intento de secesiуn violenta de Irlanda, y, en realidad, йl habнa emprendido ese viaje riesgoso, acaso absurdo, desde Alemania hasta las costas de Tralee, para tratar de evitar ese alzamiento que, desde que supo que se preparaba, es tuvo seguro que fracasarнa. їSerнa asн toda la Historia? їLa que se aprendнa en el colegio? їLa escrita por los historiadores? Una fabricaciуn mбs o menos idнlica, racional y coherente de lo que en la realidad cruda y dura habнa sido una caуtica y arbitraria mezcla de planes, azares, intrigas, hechos fortuitos, coincidencias, intereses mъltiples, que habнan ido provocando cambios, trastornos, avances y retrocesos, siempre inesperados y sorprendentes respecto a lo que fue anticipado o vivido por los protagonistas.

—Es probable que yo pase a la Historia como uno de los responsables del Alzamiento de Semana Santa —dijo, con ironнa—. Usted y yo sabemos que vine aquн jugбndome la vida para tratar de detener esa rebeliуn.

—Bueno, usted y yo y alguien mбs —se rio father Carey, seсalando arriba con un dedo.

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