El cуnsul los interrumpiу para anunciarles que es taba servido el almuerzo. Salvo йl, que comiу con apetito un sбbalo preparado con ensalada de chonta y envuelto en hojas de maнz, los comisionados apenas probaron bocado. Permanecнan callados y absorbidos por sus recuerdos de las recientes entrevistas.

—Este viaje serб un descenso a los infiernos —profetizу Seymour Bell, que se acababa de reintegrar al grupo. Se volviу a Roger Casement—. Usted ya ha pasado por esto. Se sobrevive, entonces.

—Las heridas tardan en cerrarse —matizу Roger.

—No es para tanto, seсores —tratу de levantarles el бnimo Mr. Stirs, quien comнa de muy buen humor—. Una buena siesta loretana y se sentirнan mejor. Con las autoridades y los jefes de la Peruvian Amazon Company les irб mejor que con los negros, ya verбn.

En vez de dormir siesta, Roger, sentado en la pequeсa mesita que hacнa de velador en su dormitorio, escribiу en su cuaderno de notas todo lo que recordaba de la conversaciуn con Eponim Thomas Campbell e hizo resъmenes de los testimonios que los comisionados habнan recogido de los otros dos barbadenses. Despuйs, en papel aparte, anotу las preguntas que harнa esa tarde al prefecto Rey Lama y al gerente de la Compaснa, Pablo Zumaeta, quien, le habнa revelado el seсor Stirs, era cuсado de Julio C. Arana.

El prefecto recibiу a la Comisiуn en su despacho y les ofreciу vasos de cerveza, jugos de frutas y tazas de cafй. Habнa hecho traer sillas y les repartiу unos abanicos de paja para que se airearan. Seguнa con el pantalуn de montar y las botas que lucнa la vнspera, pero ya no llevaba el chaleco bordado, sino una chaqueta blanca de lino y una camisa cerrada hasta el cuello, como los blusones rusos. Tenнa un aire distinguido con sus sienes nevadas y sus maneras elegantes. Les hizo saber que era diplomбtico de carrera. Habнa servido varios aсos en Europa y asumiу esta prefectura por exigencia del propio presidente de la Re pъblica —seсalу la fotografнa de la pared, un hombre pequeсo y elegante, vestido de frac y tongo, con una banda terciada sobre el pecho—, Augusto B. Leguнa.

—Quien les hace llegar por mi intermedio sus saludos mбs cordiales —aсadiу.

—Quй bueno que hable inglйs y podamos prescindir del intйrprete, seсor prefecto —respondiу Casement.

—Mi inglйs es muy malo —lo interrumpiу con coqueterнa Rey Lama—. Tendrбn ustedes que ser indulgentes.

—El Gobierno britбnico lamenta que sus requerimientos para que el Gobierno del presidente Leguнa inicie una investigaciуn sobre las denuncias en el Putumayo hayan sido inъtiles.

—Hay una acciуn judicial en marcha, seсor Casement —lo atajу el prefecto—. Mi Gobierno no necesitу de Su Majestad para iniciarla. Para eso ha designado un juez especial que estб ya en camino hacia Iquitos. Un distinguido magistrado: el juez Carlos A. Valcбrcel. Usted sa be que las distancias entre Lima e Iquitos son enormes.

—Pero, en ese caso, para quй enviar un juez desde Lima —intervino Louis Barnes—. їNo hay jueces en Iquitos? Ayer, en la cena que nos ofreciу, nos presentу a algunos magistrados.

Roger Casement advirtiу que Rey Lama lanzaba sobre Barnes una mirada piadosa, la que merece un niсo que no ha alcanzado la edad de la razуn o un adulto imbйcil.

—Esta charla es confidencial їno es cierto, seсores? —preguntу al fin.

Todas las cabezas asintieron. El prefecto vacilу todavнa antes de responder.

—Que mi Gobierno envнe un juez desde Lima a investigar es una prueba de su buena fe —explicу—. Lo mбs fбcil hubiera sido pedir a un juez instructor local que lo hiciera. Pero, entonces…

Se callу, incуmodo.

—A buen entendedor, pocas palabras —aсadiу.

—їQuiere usted decir que ningъn juez de Iquitos se atreverнa a enfrentarse a la Compaснa del seсor Arana? —preguntу Roger Casement, suavemente.

—Esto no es la culta y prуspera Inglaterra, seсores —murmurу apesadumbrado el prefecto. Tenнa un vaso de agua en la mano y se lo bebiу de un trago—. Si una persona tarda meses en venir aquн desde Lima, los emolumentos de magistrados, autoridades, militares, funcionarios, tardan todavнa mбs. O, simplemente, no llegan nunca. їY de quй pueden sobrevivir esas gentes mientras esperan sus sueldos?

—їDe la generosidad de la Peruvian Amazon Company? —sugiriу el botбnico Walter Folk.

—No pongan en mi boca palabras que no he dicho —respingу Rey Lama, alzando una mano—. La Compaснa del seсor Arana adelanta sus salarios a los funcionarios en calidad de prйstamo. Esas sumas deben ser devueltas, en principio, con un mуdico interйs. No es un regalo. No hay cohecho. Es un acuerdo honorable con el Estado. Pero, aun asн, es natural que magistrados que viven gracias a aquellos prйstamos no sean todo lo imparciales tratбndose de la Compaснa del seсor Arana. їLo entienden, verdad? El Gobierno ha enviado un juez desde Lima a fin de que realice una investigaciуn absolutamente independiente. їNo es la mejor demostraciуn de que estб empeсado en averiguar la verdad?

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