Pero, como en uno de esos rocambolescos cambios de situaciуn de los folletines franceses, todo ese panorama se transformу de manera radical al llegar el
Esta informaciуn hizo el efecto de una bomba entre los empleados de la Casa Arana. Juan Tizуn comunicу a Roger Casement que Vнctor Macedo, muy alarmado, habнa convocado a todos los jefes de estaciones, incluso las mбs alejadas, a una reuniуn en La Chorrera. Tizуn daba la impresiуn de un hombre desgarrado por una contradicciуn insoluble. Se alegraba, por el honor de su paнs y un sentido innato de la justicia, de que, por fin, el Gobierno peruano se hubiera decidido a actuar. Por otro lado, no se le ocultaba que este escбndalo podнa significar la ruina de la Peruvian Amazon Company, y, por lo tanto, de йl mismo. Una noche, entre tragos de whiskey tibio, Tizуn con fiу a Roger que todo su patrimonio, con excepciуn de una casa en Lima, estaba colocado en acciones de la Compaснa.
Los rumores, chismografнas y temores generados por las noticias de Lima hicieron que una vez mбs los barbadenses cambiaran de opiniуn. Ahora, de nuevo querнan marcharse. Temнan que los jefes peruanos trataran de librarse de sus responsabilidades en las torturas y asesinatos de indнgenas echбndoles la culpa a ellos, los «negros extranjeros», y querнan salir cuanto antes del Perъ y retomar a Barbados. Estaban muertos de inseguridad y de miedo.
Roger Casement, sin decнrselo a nadie, pensу que si los dieciocho barbadenses llegaban con йl a Iquitos, cual quier cosa podнa ocurrir. Por ejemplo, que la Compaснa los hiciera responsables de todos los crнmenes y los mandara a la cбrcel, o tratara de sobornarlos para que rectificaran sus confesiones y acusaran a Casement de haberlas falsificado. La soluciуn era que los barbadenses, antes de llegar a Iquitos, desembarcaran en alguna de las escalas en territorio brasileсo y esperaran allн a que Roger los recogiera, en el barco
Hubo una extraсa atmуsfera en el embarcadero de La Chorrera cuando partiу el
Esa primera noche de viaje en el rнo una luna llena de luz rojiza iluminу el cielo. Reverberaba en las aguas oscuras con un chisporroteo de estrellitas que parecнan pececillos luminosos. Todo era cбlido, bello y sereno, salvo el olor a caucho que continuaba allн, como si se le hubiera metido en las narices para siempre. Roger estuvo mucho tiempo apoyado en la baranda de la cubierta de popa con templando el espectбculo y de pronto se dio cuenta que tenнa la cara empapada de lбgrimas. Quй maravillosa paz, Dios mнo.
Los primeros dнas de navegaciуn la fatiga y la ansiedad le impidieron trabajar revisando sus fichas y cuadernos y haciendo bosquejos de su informe. Dormнa poco, con pesadillas. A menudo se levantaba en la noche y salнa al puente a observar la luna); las estrellas si estaba despejado. En el barco viajaba un administrador de Aduanas del Brasil. Le preguntу si los barbadenses podнan desembarcar en algъn puerto brasileсo de donde pudieran viajar a Manaos a esperarlo, para seguir luego juntos hasta Barbados. El funcionario le asegurу que no habнa la menor dificultad. Aun asн, Roger continuу preocupado. Temнa que ocurriera algo que salvara a la Peruvian Amazon Company de toda sanciуn. Despuйs de haber visto de manera tan directa la suerte de los indнgenas amazуnicos era perentorio que el mundo en tero lo supiera e hiciera algo para remediarla.