Este hombrecito atildado, ligeramente rechoncho, era pues el dueсo de ese imperio del tamaсo de un paнs europeo, dueсo de vidas y haciendas de decenas de miles de personas, odiado y adulado, que en ese mundo de miserables que era la Amazonia habнa acumulado una fortuna comparable a la de los grandes potentados de Europa. Habнa comenzado como un niсo pobre, en ese pueblecito perdido que debнa ser Rioja, en la selva alta peruana, vendiendo de casa en casa los sombreros de paja que tejнa su familia. Poco a poco, compensando su falta de estudios —sуlo unos pocos aсos de instrucciуn primaria— con una capacidad de trabajo sobrehumana, una intuiciуn genial para los negocios y una absoluta falta de escrъpulos, fue escalan do la pirбmide social. De vendedor ambulante de sombreros por la vasta Amazonia, pasу a ser habilitador de esos caucheros misйrrimos que se aventuraban por su cuenta y riesgo en la selva, a los que proveнa de machetes, carabinas, redes de pescar, cuchillos, latas para el jebe, conservas, harina de yuca y utensilios domйsticos, a cambio de parte del caucho que recogнan y que йl se encargaba de vender en Iquitos y Manaos a las compaснas exportadoras. Hasta que, con el dinero ganado, pudo pasar de habilitador y comisionista a productor y exportador. Se asociу al principio con caucheros colombianos, que, menos inteligentes o diligentes o faltos de moral que йl, terminaron todos malvendiйndole sus tierras, de pуsitos, braceros indнgenas y a veces trabajando a su servicio. Desconfiado, instalу a sus hermanos y cuсados en los pues tos claves de la empresa, que, pese a su gran tamaсo y estar registrada desde 1908 en la Bolsa de Londres, seguнa funcionando en la prбctica como una empresa familiar. їA cuбnto ascendнa su fortuna? La leyenda sin duda exageraba la realidad. Pero, en Londres, la Peruvian Amazon Company tenнa este valioso edificio en el corazуn de la City y la mansiуn de Arana en Kensington Road no desmerecнa entre los palacios de los prнncipes y banqueros que la rodeaban. Su casa en Ginebra y su palacete de verano en Biarritz estaban amueblados por decoradores de moda y lucнan cuadros y objetos de lujo. Pero de йl se decнa que llevaba una vida austera, que no bebнa ni jugaba ni tenнa amantes y que dedicaba todo su tiempo libre a su mujer. La habнa enamora do desde niсo —ella era tambiйn de Rio ja— pero Eleonora Zumaeta sуlo le dio el sн luego de muchos aсos, cuando ya era acomodado y poderoso y ella una maestra de escuela del pueblito donde naciу.

Al terminar la segunda reuniуn de Directorio de la Peruvian Amazon Company, Julio C. Arana asegurу, a travйs del intйrprete, que su compaснa harнa todo lo necesario para que cualquier deficiencia o mal funcionamiento en las caucherнas del Putumayo se corrigiera de inmediato. Pues era polнtica de su empresa actuar siempre dentro de la legalidad y la moral altruista del Imperio britбnico. Arana se despidiу del cуnsul con una venia, sin extenderle la mano.

Redactar el Informe sobre el Putumayo le tomу mes y medio. Comenzу a escribirlo en una oficina del Foreign Office, ayudado por un mecanуgrafo, pero, luego, prefiriу trabajar en su departamento de Philbeach Gardens, en Earl's Court, junto a la bella iglesita de St. Cuthbert y St. Matthias a la que a veces Roger se metнa a escuchar al magnнfico organista. Como incluso allн venнan a interrumpirlo polнticos y miembros de organizaciones humanitarias y antiesclavistas y gente de prensa, pues los rumores de que su Informe sobre el Putumayo serнa tan devastador como el que escribiу sobre el Congo corrнan por todo Londres y ciaban pie a conjeturas y chismografнas en las gacetillas y mentideros londinenses, pidiу autorizaciуn al Foreign Office para viajar a Irlanda. Allн, en un cuarto del Hotel Buswells, de Molesworth Street, en Dublнn, terminу su trabajo a comienzos de marzo de 1911. De inmediato llovieron sobre йl las felicitaciones de sus jefes y colegas. El propio sir Edward Grey lo llamу a su despacho para elogiar su Informe, a la vez que le sugerнa algunas correcciones menores. El texto fue enviado de inmediato al Gobierno de los Estados Unidos, a fin de que Londres y Washington hicieran presiуn sobre el Gobierno peruano del presidente Augusto B. Leguнa, exigiйndole, en nombre de la comunidad civilizada, que pusiera fin a la esclavitud, las torturas, raptos, violaciones y aniquilamiento de las comunidades indнgenas y que llevara a los tribunales a las personas incriminadas.

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