Dнas mбs tarde, el encargado de Negocios britбnico informу que, en una entrevista privada con el ministro de Relaciones Exteriores del Perъ, йste le habнa confesado, de manera extraoficial, que el presidente Leguнa estaba en una situaciуn imposible. Debido a su presencia en el Putumayo y a las fuerzas de seguridad que tenнa para proteger sus instalaciones, la Compaснa de Julio C. Arana era el ъnico freno que impedнa que los colombianos, quienes habнan estado reforzando sus guarniciones de frontera, invadieran esa regiуn. Estados Unidos y Gran Bretaсa pedнan algo absurdo: cerrar o perseguir a la Peruvian Amazon Company significaba pura y simplemente entregar a Colombia el in menso territorio que codiciaba. Ni Leguнa ni gobernante peruano alguno podнa hacer cosa semejante sin suicidarse. Y el Perъ carecнa de recursos para instalar en las remotas soledades del Putumayo una guarniciуn militar lo bastante fuerte para proteger la soberanнa nacional. Lucien Gerome aсadнa que, por todo ello, no cabнa esperar que el Gobierno peruano hiciera de inmediato nada eficaz, salvo declaraciones y gestos desprovistos de sustancia.
Esta fue la razуn por la que el Foreign Office decidiу, antes de que el Gobierno de Su Majestad hiciera pъblico su
Preparaba su partida cuando llegaron a Londres Omarino y Arйdomi. En los cinco meses que pasaron bajo su custodia en Barbados el padre Smith les habнa dado clases de inglйs, nociones de lectura y escritura y los habнa acostumbrado a vestirse a la manera occidental. Pero Roger se encontrу con dos chiquillos a los que la civilizaciуn, pese a darles de comer, no golpearlos ni flagelarlos, los habнa entristecido y apagado. Parecнan siempre temerosos de que las gentes que los rodeaban, sometiйndolos a un escrutinio inagotable, mirбndolos de arriba abajo, tocбndolos, pasбndoles la mano por la piel como si los creyeran sucios, interrogбndolos con preguntas que no entendнan y no sabнan cуmo responder, fueran a hacerles daсo. Roger los llevу al zoolуgico, a tomar helados a Hyde Park, a visitar a su hermana Nina, a su prima Gertrude y a una velada con intelectuales y artistas donde Alice Stopford Green. Todos los trataban con cariсo pero la curiosidad con que eran examinados, sobre todo cuando tenнan que sacarse las camisas y enseсar las cicatrices en las espaldas y en las nalgas, los turbaba. Aveces, Roger descubrнa los ojos de los chiquillos cuajados de lбgrimas. El habнa planeado enviar a los niсos a educarse en Irlanda, en las afueras de Dublнn, en la escuela bilingьe de St. Enda's que dirigнa Patrick Pearse, a quien conocнa bien. Le escribiу al res pecto, contбndole de dуnde procedнan ambos chiquillos. Roger habнa dado una charla en St. Enda's sobre el Бfrica y apoyaba con donativos econуmicos los esfuerzos de Patrick Pearse tanto en la Liga Gaйlica y sus publicaciones como en esta escuela, por promover la difusiуn de la antigua lengua irlandesa. Pearse, poeta, escritor, catуlico militante, pedagogo y nacionalista radical, aceptу tomarlos a ambos, ofreciendo incluso hacer una rebaja en la matrнcula y el internado en St. Enda's. Pero, cuando recibiу la respuesta de Pearse, Roger ya habнa decidido consentir a lo que Omarino y Arйdomi le rogaban a diario: regresarlos a la Amazonia. Ambos eran profundamente desdichados en esa Inglaterra donde se sentнan convertidos en anomalнas humanas, objetos de exhibiciуn que sorprendнan, divertнan, conmovнan y a veces asustaban a unas personas que nunca los tratarнan como iguales, siempre como forasteros exуticos.
Mucho pensarнa Roger Casement en el viaje de regreso a Iquitos en esta lecciуn que le dio la realidad sobre lo paradуjica e inapresable que era el alma humana. Ambos chiquillos habнan querido escapar del infierno amazуnico donde eran maltratados y se les hacнa trabajar como animales sin darles apenas de comer. El hizo esfuerzos y gastу una buena cantidad de su escaso patrimonio para pa garles los pasajes a Europa y mantenerlos desde hacнa seis meses, pensando que de este modo los salvaba, dбndoles acceso a una vida decente. Y, sin embargo, aquн, aunque por razones distintas, estaban tan lejos de la felicidad o, por lo menos, de una existencia tolerable, como en el Putumayo. Aunque no les pegaran y mбs bien los acariсaran, se sentнan ajenos, solos y conscientes de que nunca formarнan parte de este mundo.