Roger no pudo tomar todavнa el descanso prescrito por los mйdicos y que tanta falta le hacнa. Debiу reunir se varias veces con comitйs del Gobierno, del Parlamento y de la Sociedad contra la Esclavitud que estudiaban la forma mбs prбctica de que las instituciones pъblicas y privadas actuaran para aliviar la situaciуn de los nativos de la Amazonia. A sugerencia suya, una de las primeras iniciativas fue sufragar la instalaciуn de una misiуn religiosa en el Putumayo, algo que la Compaснa de Arana habнa siempre impedido. Ahora se comprometiу a facilitarla.

Por fin, en junio de 1911 pudo partir de vacaciones a Irlanda. Allн estaba cuando recibiу una carta personal de sir Edward Grey. El canciller le informaba que, debido a su recomendaciуn, Su Majestad George V habнa decidido ennoblecerlo en mйrito a sus servicios prestados al Reino Unido en el Congo y la Amazonia.

En tanto que parientes y amigos lo colmaban de felicitaciones, Roger, que las primeras veces que se oyу llamar sir Roger estuvo a punto de soltar la carcajada, se llenу de dudas. їCуmo aceptar este tнtulo otorgado por un rйgimen del que, en el fondo de su corazуn, se sentнa adversario, el mismo rйgimen que colonizaba a su paнs? Por otra par te, їno servнa йl mismo como diplomбtico a este rey y a este Gobierno? Nunca como en esos dнas sintiу tanto la recуndita duplicidad en la que vivнa hacнa aсos, trabajando por una parte con disciplina y eficiencia al servicio del Imperio britбnico, y, por otra, entregado a la causa de la emancipaciуn de Irlanda y vinculбndose cada vez mбs, no con aquellos sectores moderados que aspiraban, bajo el liderazgo de John Redmond, a conseguir la Autonomнa (Home Rule) para Eire, sino a los mбs radicales como el IRB, dirigido en secreto por Tom Clarke, cuya meta era la independencia a travйs de la acciуn armada. Corroнdo por estas vacilaciones, optу por agradecer a sir Edward Grey en una amable carta el honor que se le conferнa. La noticia se difundiу en la prensa y contribuyу a aumentar su prestigio.

Las gestiones que emprendieron los Gobiernos britбnico y estadounidense ante el Gobierno peruano pidiйndole que los principales criminales seсalados en el Informe —Fidel Velarde, Alfredo Montt, Augusto Jimйnez, Arman do Normand, Josй Inocente Fonseca, Abelardo Agьero, Elias Martinengui y Aurelio Rodrнguez— fueran capturados y juzgados, parecieron en un principio dar frutos. El encargado de Negocios del Reino Unido en Lima, Mr. Lucien Gerome, cablegrafiу al Foreign Office que los once principales empleados de la Peruvian Amazon Company habнan sido despedidos. El juez Carlos A. Valcбrcel, enviado desde Lima, apenas llegу a Iquitos preparу una expediciуn para ir a investigar a las caucherнas del Putumayo. Pero no pu do ir con ella, pues cayу enfermo y debiу viajar de urgencia a Estados Unidos a operarse. Puso al frente de la expediciуn a una persona enйrgica y respetable: Rуmulo Paredes, director del diario El Oriente, quien viajу al Putumayo con un mйdico, dos intйrpretes y una escolta de nueve soldados. La comisiуn visitу todas las estaciones caucheras de la Peruvian Amazon Company y acababa de regresar a Iquitos, donde tambiйn estaba de vuelta el juez Carlos A. Valcбrcel, ya recuperado. El Gobierno peruano habнa prometido a Mr. Gerome que, apenas recibiera el informe de Paredes y Valcбrcel, actuarнa.

Sin embargo, poco despuйs, el mismo Gerome volviу a informar que el Gobierno de Leguнa, afligido, le habнa hecho saber que la mayor parte de los criminales con orden de arresto habнa huido al Brasil. Los otros, acaso permanecнan ocultos en la selva o habнan ingresado clandestina mente a territorio colombiano. Estados Unidos y Gran Bretaсa intentaron que el Gobierno brasileсo extraditara al Perъ a los prуfugos para entregarlos a la justicia. Pero el canciller del Brasil, el Barуn de Rнo Branco, repuso a ambos Gobiernos que no habнa tratado de extradiciуn entre Perъ y Brasil y que por lo tanto aquellas personas no podнan ser devueltas sin que se suscitara un delicado problema jurнdico internacional.

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