Con los aсos —dieciocho habнan pasado desde la expediciуn que hizo a sus уrdenes en 1884—, Roger Casement llegу a la conclusiуn de que el hйroe de su infancia y juventud era uno de los picaros mбs inescrupulosos que habнa excretado el Occidente sobre el continente Africano. Pese a ello, como todos los que habнan trabajado a sus уrdenes, no podнa dejar de reconocer su carisma, su simpatнa, su magia, esa mezcla de temeridad y cбlculo frнo con que el aventurero amasaba sus proezas. Iba y venнa por el Бfrica sembrando por un lado la desolaciуn y la muerte —que mando y saqueando aldeas, fusilando nativos, desollбndoles las espaldas a sus cargadores con esos chicotes de jirones de piel de hipopуtamo que habнan dejado miles de cicatrices en los cuerpos de йbano de toda la geografнa Бfricana— y, de otro, abriendo rutas al comercio y a la evangelizaciуn en inmensos territorios llenos de fieras, alimaсas y epidemias que a йl parecнan respetarlo como a uno de esos titanes de las leyendas homйricas y las historias bнblicas.

—їNo le da a usted, aveces, remordimientos, mala conciencia, por lo que hacemos?

La pregunta brotу de los labios del joven de manera impremeditada. Ya no podнa retirarla. Las llamas de la fogata, en el centro del campamento, crujнan con las ramitas y los insectos imprudentes que se abrasaban en ella.

—їRemordimientos? їMala conciencia? —frunciу la nariz y avinagrу la cara pecosa y requemada por el sol el jefe de la expediciуn, como si nunca hubiera oнdo esas palabras y estuviera adivinando quй querнan decir—. їDe quй cosa?

—De los contratos que les hacemos firmar —dijo el joven Casement, venciendo su turbaciуn—. Ponen sus vidas, sus pueblos, todo lo que tienen, en manos de la Asociaciуn Internacional del Congo. Y ni uno solo sabe quй firma, porque ninguno habla francйs.

—Si supieran francйs, tampoco entenderнan esos contratos —se riу el explorador con su risa franca, abierta, uno de sus atributos mбs simpбticos—. Ni yo entiendo lo que quieren decir.

Era un hombre fuerte y muy bajito, casi enano, de aspecto deportivo, todavнa joven, ojos grises chispeantes, bigote espeso y personalidad arrobadora. Siempre llevaba botas altas, pistola al cinto y una casaca clara con muchos bolsillos. Se volviу a reнr y los capataces de la expediciуn que con Stanley y Roger tomaban cafй y fumaban alrededor de la fogata, se rieron tambiйn, adulando a su jefe. Pero el joven Casement no se riу.

—Yo sн, aunque, es verdad, el galimatнas en que estбn escritos parece a propуsito para que no se entiendan —dijo, de manera respetuosa—. Se reduce a algo muy simple. Entregan sus tierras a la AIC a cambio de promesas de ayuda social. Se comprometen a apoyar las obras: caminos, puentes, embarcaderos, factorнas. A poner los brazos que hagan falta para el campo y el orden pъblico. A alimentar a funcionarios y peones, mientras duren los trabajos. La Asociaciуn no ofrece nada a cambio. Ni salarios ni compensaciones. Siempre creн que estamos aquн por el bien de los Africanos, seсor Stanley. Me gustarнa que usted, a quien admiro desde que tengo uso de razуn, me diera razones para seguir creyendo que es asн. Que esos contratos son, de veras, por su bien.

Hubo un largo silencio, quebrado por el crepitar de la fogata y esporбdicos gruсidos de los animales nocturnos que salнan a buscarse el sustento. Habнa dejado de llover hacнa rato pero la atmуsfera seguнa hъmeda y pesada y pare cнa que en el entorno todo germinaba, crecнa y se espesaba. Dieciocho aсos despuйs, Roger, entre las imбgenes desordenadas que la fiebre hacнa revolotear en su cabeza, recordaba la mirada inquisidora, sorprendida, por momentos burlona, con que Henry Morton Stanley lo inspeccionу.

—El Бfrica no se ha hecho para los dйbiles —dijo por fin, como si hablara consigo mismo—. Las cosas que lo preocupan son un signo de debilidad. En el mundo en que estamos, quiero decir. No es Estados Unidos ni In glaterra, se habrб dado cuenta. En el Бfrica los dйbiles no duran. Acaban con ellos las picaduras, las fiebres, las flechas envenenadas o la mosca tse-tse.

Era galйs, pero debнa haber vivido mucho tiempo en los Estados Unidos porque su inglйs tenнa la mъsica y expresiones y giros norteamericanos.

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