Cuando Roger recordaba a Stanley lo embargaban sentimientos contradictorios. Seguнa recuperбndose lentamente de la malaria. El aventurero gales sуlo habнa visto en el Бfrica un pretexto para las hazaсas deportivas y el botнn personal. їPero cуmo negar que era uno de esos seres de los mitos y las leyendas, que a fuerza de temeridad, desprecio a la muerte y ambiciуn, parecнan haber roto los lнmites de lo humano? Lo habнa visto cargar en sus brazos a niсos con la cara y el cuerpo comidos por la viruela, dar de beber de su propia cantimplora a indнgenas que agonizaban con el cуlera o la enfermedad del sueсo, como si a йl nadie pudiera contagiarlo. їQuiйn habнa sido en verdad este campeуn del Imperio britбnico y las ambiciones de Leopoldo II? Roger estaba seguro de que el misterio no se desvelarнa nunca y que su vida seguirнa siempre oculta detrбs de una telaraсa de invenciones. їCuбl era su verdadero nombre? El de Henry Morton Stanley lo habнa tomado del comerciante de New Orleans que, en los aсos oscuros de su juventud, fue generoso con йl y acaso lo adoptу. Se decнa que su nombre real era John Rowlands, pero a nadie le constaba. Como tampoco que hubiera nacido en Gales y pasado su niсez en uno de esos orfelinatos donde iban a parar los niсos sin padre ni madre que los alguaciles de salud recogнan en la calle. Al parecer, muy joven partiу a los Estados Unidos como polizonte en un barco de carga, y allб, durante la guerra civil, peleу como soldado en las filas de los confederados, primero, y luego en las de los yanquis. Despuйs, se creнa, se hizo periodista y escribiу crуnicas sobre el avance de los pioneros hacia el Oeste y sus luchas con los indios. Cuando el New York Herald lo mandу al Бfrica en busca de David Livingstone, Stanley no tenнa la menor experiencia de explorador. Cуmo pudo sobrevivir recorriendo esos bosques vнrgenes, igual que quien busca una aguja en un pajar, y consiguiу encontrar, en Ujiji, el 10 de noviembre de 1871 a quien, segъn jactanciosa confesiуn, dejу estupefacto con el saludo: «їEl doctor Livingstone, supongo?».
Lo que Roger Casement mбs admirу en su juventud de las realizaciones de Stanley, mбs todavнa que su expediciуn desde las fuentes del rнo Congo hasta su irrupciуn en el Adбntico, fue la construcciуn, entre 1879 y 1881, del caravan trail. La ruta de las caravanas abriу una vнa al comercio europeo desde la desembocadura del gran rнo hasta el pool, enorme laguna fluvial que con los aсos se llamarнa como el explorador: Stanley Pool. Despuйs, Roger descubriу que йsta fue otra de las previsoras operaciones del rey de los belgas para ir creando la infraestructura que, a partir de la Conferencia de Berlнn de 1885, le permitiera la explotaciуn del territorio. Stanley fue el audaz ejecutor de aquel designio.
«Y yo», le dirнa muchas veces Roger Casement en sus aсos Africanos a su amigo Herbert Ward, a medida que iba tomando conciencia de lo que significaba el Estado Independiente del Congo, «fui uno de sus peones desde el primer momento». Aunque no del todo, pues, cuando йl llegу al Бfrica, Stanley llevaba ya cinco aсos abriendo el caravan trail, cuyo primer tramo, desde Vivi hasta Isanguila, ochenta y tres kilуmetros rнo Congo arriba de jungla intrincada y palъdica, llena de quebradas profundas, бrboles agusanados y pantanos pъtridos adonde las copas de los бrboles atajaban la luz del sol, quedу terminado a comienzos de 1880. Desde allн hasta Muyanga, unos ciento veinte kilуmetros de surcada, el Congo era navegable para pilotos avezados, capaces de sortear los remolinos y, a las horas de lluvia y subida de las aguas, refugiarse en vados o cavernas para no ser aventados contra las rocas y deshechos en los rбpidos que se hacнan y deshacнan sin cesar. Cuando Roger comenzу a trabajar para la AIC, que, a partir de 1885, se convirtiу en el Estado Independiente del Congo, Stanley ya habнa fundado, entre Kinshasa y Ndolo, la estaciуn que bautizу con el nombre de Leopoldville. Era diciembre de 1881, faltaban tres aсos para que Roger Casement llegara a la selva y cuatro para que naciera legal mente el Estado Independiente del Congo. Para entonces este dominio colonial, el mбs grande del Бfrica, creado por un monarca que nunca pondrнa en йl los pies, era ya una realidad comercial a la que los hombres de negocios europeos podнan acceder desde el Atlбntico, venciendo el obstбculo de un Bajo Congo intransitable por los rбpidos, caнdas de agua, vueltas y revueltas de las cataratas de Livingstone, gracias a esa ruta que, a lo largo de casi quinientos kilуmetros, abriу Stanley entre Boma y Vivi hasta Leopoldville y el pool Cuando Roger llegу al Бfrica, audaces mercaderes, las avanzadillas de Leopoldo II, comenzaban a internarse en el territorio congolйs y a sacar los primeros marfiles, pieles y canastas de caucho de una regiуn llena de бrboles que transpiraban el lбtex negro, al alcance de quien quisiera recogerlo.