Las dos ъltimas semanas en Iquitos, nuevamente se apoderу de Roger, de manera irresistible, el demonio del sexo. En su estancia anterior habнa sido muy prudente, pero, ahora, pese a saber la hostilidad que le tenнa tanta gente vinculada al negocio del caucho y que podнan tenderle una emboscada, no vacilу en ir, por las noches, a pasearse por el malecуn a orillas del rнo, donde siempre habнa mujeres y hombres en busca de clientes. Asн conociу a Alcibнades Ruiz, si es que йste era su nombre. Lo llevу al Hotel Amazonas. El portero de noche no puso objeciуn despuйs de que Roger le alcanzara una propina. Alcibнades aceptу posar para йl haciendo las posturas de estatuas clбsicas que le indicaba. Despuйs de algъn regateo, aceptу desnudarse. Alcibнades era un mestizo de blanco e indio, un cholo, y Roger anotу en su diario que esta mezcla racial daba un tipo de varуn de gran belleza fнsica, superior incluso a la de los «caboclos» de Brasil, hombres de rasgos ligeramente exуticos en los que se mezclaban la suavidad y dulzura de los indнgenas y la rudeza viril de los descendientes de espaсoles. Alcibнades y йl se besaron y tocaron pero no hicieron el amor, ni ese dнa ni el siguiente, cuando aquйl volviу al Hotel Amazonas. Era de maсana y Roger pudo fotografiarlo desnudo en varias poses. Cuando partiу, escribiу en su diario: «Alcibнades Ruiz. Cholo. Movimientos de bailarнn. Pequeсo y largo que al endurecerse se curvaba como un arco. Entrу en mн como mano en guante».

En esos dнas, el director de El Oriente, Rуmulo Paredes, fue agredido en la calle. Al salir de la imprenta de su periуdico, lo asaltaron tres individuos malencarados que apestaban a alcohol. Segъn le dijo a Roger, a quien vino a ver al hotel inmediatamente despuйs del episodio, lo hubieran matado a golpes si no hubiera estado armado y asustado a sus tres agresores disparando al aire. Traнa consigo una maleta. Don Rуmulo estaba tan revuelto con lo sucedido que no aceptу salir a tomar un trago a la calle como Roger le propuso. Su resentimiento e indignaciуn contra la Peruvian Amazon Company no tenнan lнmites:

—Siempre fui un colaborador leal de la Casa Ara na y les di gusto en todo lo que quisieron —se quejу. Se habнan sentado en dos esquinas de la cama y hablaban semi a oscuras, porque la llamita del mechero apenas iluminaba un rincуn del cuarto—. Cuando era juez y cuando saquй El Oriente. Nunca me opuse a sus pedidos, aunque muchas veces repugnaban a mi conciencia. Pero soy un hombre realista, seсor cуnsul, sй quй batallas no se pueden ganar Esta comisiуn, ir al Putumayo por encargo del juez Valcбrcel, yo no quise asumirla nunca. Desde el primer momento supe que me meterнa en lнos. Ellos me obligaron. Pablo Zumaeta en persona me lo exigiу. Hice ese viaje sуlo cumpliendo sus уrdenes. Mi informe, antes de entre garlo al prefecto, se lo di a leer al seсor Zumaeta. Me le devolviу sin comentarios. їNo significa eso que lo aceptaba? Sуlo entonces se lo entreguй al prefecto. Y resulta que ahora me han declarado la guerra y quieren matarme. Este ataque es un aviso para que me vaya de Iquitos. їAdуnde? Tengo mujer, cinco hijos y dos sirvientas, seсor Casement. їHa visto usted tanta ingratitud como la de esta gente? Le recomiendo que se marche cuanto antes, tambiйn. Su vida peligra, sir Roger. Hasta ahora no le ha pasado nada, por que piensan que si matan a un inglйs, y encima diplomбtico, habrб un lнo internacional. Pero no se fнe. Esos escrъpulos pueden desaparecer en cualquier borrachera. Siga mi consejo y lбrguese, mi amigo.

—No soy inglйs, sino irlandйs —lo corrigiу Roger, suavemente.

Rуmulo Paredes le entregу la maleta que traнa con sigo.

—Aquн tiene todos los documentos que recogн en el Putumayo y en los que basй mi trabajo. Hice bien en no entregбrselos al prefecto Adolfo Gamarra. Hubieran corrido la misma suerte que mi informe: apolillarse en la Prefectura de Iquitos. Llйveselos, sй que usted les darб buen uso. Siento cargarlo con un bulto mбs, eso sн.

Roger partiу cuatro dнas despuйs, luego de despedirse de Omarino y Arйdomi. Mr. Stirs los habнa colocado en una carpinterнa de Nanay en la que, ademбs de trabajar como domйsticos del dueсo, un boliviano, serнan aprendices en su taller. En el puerto, donde lo fueron a despedir Stirs y Michell, Roger se enterу de que el volumen del caucho exportado en los ъltimos dos meses habнa supera do la marca del aсo anterior. їQuй mejor prueba de que nada habнa cambiado y de que huitotos, boras, andoques y demбs indнgenas del Putumayo seguнan siendo exprimidos sin misericordia?

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