El 31 de diciembre partiу en el SS Terence rumbo a New York y allн, de inmediato, sin tiempo siquiera de admirar los rascacielos, tomу el tren a Washington D.C. El embajador britбnico, James Bryce, lo sorprendiу anunciбndole que el presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, le habнa concedido una audiencia. El y sus asesores querнan saber, de boca de sir Roger, que conocнa en persona lo que sucedнa en el Putumayo y era hombre de confianza del Gobierno britбnico, la situaciуn en las caucherнas y si la campaсa que llevaban a cabo en Estados Unidos y Gran Bretaсa distintas iglesias, organizaciones humanitarias y periodistas y publicaciones liberales eran ciertas o pura demagogia y exageraciуn como aseguraban las empresas caucheras y el Gobierno peruano.

Hospedado en la residencia del embajador Bryce, tratado a cuerpo de rey y oyйndose llamar sir Roger por doquier, Casement fue donde un barbero a hacerse cortar el cabello y las barbas y a arreglarse las uсas. Y renovу su vestuario en las tiendas elegantes de Washington D.C. Muchas veces en estos dнas pensу en las contradicciones de su vida. Hacнa menos de dos semanas era un pobre diablo amenazado de muerte en un hotelucho de Iquitos y, ahora, йl, un irlandйs que soсaba con la independencia de Irlanda, encarnaba a un funcionario enviado por la Corona britбnica a persuadir al presidente de los Estados Unidos que ayudara al Imperio a exigir al Gobierno peruano que pusiese fin a la ignominia de la Amazonia. їNo era la vida algo absurdo, una representaciуn dramбtica que de sъbito se volvнa farsa?

Los tres dнas que pasу en Washington D.C. fueron de vйrtigo: sesiones diarias de trabajo con funcionarios del Departamento de Estado y una larga entrevista personal con el ministro de Relaciones Exteriores. El tercer dнa fue recibido en la Casa Blanca por el presidente Taft acompaсado por varios asesores y el secretario de Estado. Un instante, antes de comenzar su exposiciуn sobre el Putumayo, Roger tuvo una alucinaciуn: no estaba allн como representante diplomбtico de la Corona britбnica, sino como enviado especial de la reciйn constituida Repъblica de Irlanda. Habнa sido enviado por su Gobierno Provisional para defender las razones que habнan llevado a la in mensa mayorнa de los irlandeses, en acto plebiscitario, a romper sus vнnculos con Gran Bretaсa y proclamar su independencia. La nueva Irlanda querнa mantener unas relaciones de amistad y cooperaciуn con los Estados Unidos, con quienes compartнa la adhesiуn a la democracia y donde vivнa una vasta comunidad de origen irlandйs.

Roger Casement cumpliу con sus obligaciones de manera impecable. La audiencia debнa durar media hora pero durу tres veces mбs, pues el propio presidente Taft, que escuchу con gran atenciуn su informe sobre la situaciуn de los indнgenas en el Putumayo, lo sometiу a un cuidadoso interrogatorio y le pidiу su parecer sobre la mejor manera de obligar al Gobierno peruano a poner fin a los crнmenes en las caucherнas. La sugerencia de Roger de que Estados Unidos abriera un consulado en Iquitos que trabajara, junto al britбnico, denunciando los abusos, fue bien recibida por el mandatario. Y, en efecto, unas semanas despuйs, Estados Unidos enviarнa a un diplomбtico de carrera, Stuart J. Fuller, como cуnsul a Iquitos.

Mбs que las palabras que escuchу, fueron la sor presa e indignaciуn con que el presidente Taft y sus colaboradores escucharon su relato, lo que convenciу a Roger de que Estados Unidos colaborarнa a partir de ahora de manera decidida con Inglaterra en denunciar la situaciуn de los indнgenas amazуnicos.

En Londres, pese a que su estado fнsico se mostraba siempre resentido por la fatiga y los viejos achaques, se dedicу en cuerpo y alma a completar su nuevo informe para el Foreign Office, mostrando que las autoridades peruanas no habнan hecho las reformas prometidas y que la Peruvian Amazon Company habнa boicoteado todas las iniciativas, haciйndole la vida imposible al juez Carlos A. Valcбrcel y reteniendo en la Prefectura el informe de don Rуmulo Paredes, a quien habнan intentado matar por describir con imparcialidad lo que presenciу en los cuatro meses (del 15 de marzo al 15 de julio) que pasу en las caucherнas de Ara na. Roger comenzу a traducir al inglйs una selecciуn de los testimonios, entrevistas y documentos diversos que el director de El Oriente le entregу en Iquitos. Ese material enriquecнa de manera considerable su propio informe.

Hacнa esto en las noches porque sus dнas estaban copados con reuniones en el Foreign Office, donde, desde el canciller hasta comisiones mъltiples, le pedнan informes, consejos y sugerencias sobre las ideas que barajaba el Gobierno britбnico para actuar. Las atrocidades que una compaснa britбnica cometнa en la Amazonia eran objeto de una campaсa enйrgica, que, iniciada por la Sociedad contra la Esclavitud y la revista Truth, apoyaban ahora la prensa liberal y muchas organizaciones religiosas y humanitarias.

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