Roger insistнa en que se publicara de inmediato el Informe sobre el Putumayo. Habнa perdido toda esperanza de que la diplomacia silenciosa que el Gobierno britбnico intentу con el presidente Leguнa sirviera para algo. Pese a las resistencias de algunos sectores de la administraciуn, finalmente sir Edward Grey aceptу este criterio y el gabinete aprobу la publicaciуn. El libro se llamarнa Blue Book (Libro Azul). Roger pasу muchas noches en vela, fuman do sin descanso y tomando incontables tazas de cafй, re visando palabra por palabra la ъltima redacciуn.
El dнa que el texto definitivo fue por fin a la imprenta, se sentнa tan mal que, temiendo le ocurriera algo estando solo, fue a refugiarse a casa de su amiga Alice Stopford Green. «Pareces un esqueleto», le dijo la historia dora, tomбndolo de un brazo y llevбndolo a la sala. Roger arrastraba los pies y, aturdido, sentнa que en cualquier momento perderнa el sentido. Le dolнa tanto la espalda que Alice debiу ponerle varios almohadones para que pudiera tenderse en el sofб. Casi al instante se durmiу o desmayу. Cuando abriу los ojos, vio sentadas a su lado, juntas y sonriйndole, a su hermana Nina y Alice.
—Creнamos que no ibas a despertar nunca —oyу decir a una de ellas.
Habнa dormido cerca de veinticuatro horas. Alice llamу al mйdico de la familia y el facultativo diagnosticу que Roger estaba exhausto. Que lo dejaran dormir. No recordaba haber soсado. Cuando tratу de ponerse de pie, se le doblaron las piernas y se dejу caer de nuevo en el sofб. «No me matу el Congo pero me matarб el Amazonas», pensу.
Despuйs de tomar un ligero refrigerio, pudo levantarse y un coche lo llevу a su departamento de Philbeach Gardens. Tomу un largo baсo que lo despejу algo. Pero se sentнa tan dйbil que debiу acostarse otra vez.
El Foreign Office lo obligу a tomar diez dнas de vacaciones. Se resistнa a apartarse de Londres antes de la apariciуn del Blue Book, pero, al fin, consintiу en partir. Acompaсado de Nina, que pidiу un permiso en la escuela donde enseсaba, estuvo una semana en Cornwall. Su fatiga era tan grande que apenas podнa concentrarse en la lectura. La mente se le dispersaba en imбgenes disolutas. Gracias a la vida tranquila y la dieta sana, fue recuperando las fuerzas. Pudo dar largos paseos por la campiсa, disfrutando de unos dнas tibios. No podнa haber nada mбs distinto del amable y civilizado paisaje de Cornwall que el de la Amazonia y, sin embargo, pese al bienestar y la serenidad que sentнa aquн, viendo la rutina de los granjeros, pastar a las beatнficas vacas y relinchar a los caballos de los establos, sin amenazas de fieras, serpientes ni mosquitos, se encontrу un dнa pensando que esta naturaleza, que delataba siglos de trabajo agrнcola al servicio del hombre, poblada y civilizada, ya habнa perdido su condiciуn de mundo natural —su alma, dirнan los panteнstas— comparada con aquel territorio salvaje, efervescente, indуmito, sin amansar, de la Amazonia, donde todo parecнa estar naciendo y muriendo, mundo inestable, riesgoso, movedizo, en el que un hombre se sentнa arrancado del presente y arrojado hacia el pasado mбs remoto, en comunicaciуn con los ancestros, de regreso a la aurora del acontecer humano. Y, sorprendido, descubriу que recordaba aquello con nostalgia, a pesar de los horrores que escondнa.
El Libro Azul sobre el Putumayo saliу publicado en julio de 1912. Desde el primer dнa produjo una con mociуn que, teniendo a Londres como centro, avanzу en ondas concйntricas por toda Europa, los Estados Unidos y muchas otras partes del mundo, sobre todo Colombia, Brasil y Perъ. The Times le dedicу varias pбginas y un editorial en el que, a la vez que ponнa a Roger Casement por las nubes, diciendo que una vez mбs habнa mostrado dotes excepcionales de «gran humanitario», exigнa acciones inmediatas contra esa compaснa britбnica y sus accionistas que se beneficiaban econуmicamente con una industria que practicaba la esclavitud y la tortura y estaba exterminando a los pueblos indнgenas.