Un momento de subido dramatismo tuvo lugar cuando Julio C. Arana se presentу a declarar ante la comisiуn. Su primera apariciуn debiу aplazarse, porque su esposa Eleonora, que estaba en Ginebra, sufriу un trauma nervioso a causa de la tensiуn en la que vivнa una familia que, despuйs de haber escalado las mбs altas posiciones, veнa ahora desmoronarse su situaciуn a toda carrera. Ara na entrу a la Cбmara de los Comunes vestido con su elegancia acostumbrada y tan pбlido como las vнctimas de las fiebres palъdicas de la Amazonia. Apareciу rodeado de ayudantes y consejeros, pero en la sala de audiencias sуlo se le permitiу estar con su abogado. Al principio se mostrу sereno y arrogante. A medida que las preguntas de Char les Roberts y del viejo Swift McNeill iban acorralбndolo, empezу a incurrir en contradicciones y traspiйs, que su traductor hacнa lo imposible por atemperar. Provocу la hilaridad del pъblico cuando, a una pregunta del presidente de la comisiуn —їpor quй habнa tantos fusiles Win chester en las estaciones del Putumayo?, їpara las «corre rнas» o asaltos a las tribus a fin de llevarse a la gente a las caucherнas?—, respondiу: «No seсor, para defenderse de los tigres que abundan por la regiуn». Trataba denegarlo todo, pero de pronto reconocнa que, sн, cierto, alguna vez habнa oнdo que una mujer indнgena fue quemada viva. Sуlo que hacнa de eso mucho tiempo. Los abusos, si se habнan cometido, eran siempre cosa del pasado.

El mбximo desconcierto del cauchero ocurriу cuan do trataba de descalificar el testimonio de Walter Hardenburg, acusando al norteamericano de haber falsificado una letra de cambio en Manaos. Swift McNeill lo interrumpiу para preguntarle si se atreverнa a llamar «falsificador» en persona a Hardenburg, a quien se creнa viviendo en Ca nadб. «Sн», respondiу Arana. «Hбgalo, entonces», repuso McNeill. «Aquн lo tiene». La llegada de Hardenburg provocу una conmociуn en la sala de audiencias. Aconsejado por su abogado, Arana se desdijo y aclarу que no acusaba a Hardenburg, sino a «alguien» de haber cambiado una letra en un banco de Manaos que resultу falsa. Hardenburg demostrу que todo ello fue una emboscada para desprestigiarlo tendida por la Compaснa de Arana, valiйndose de un sujeto de malos antecedentes llamado Julio Muriedas, que en la actualidad estaba preso en Parб por estafador.

A partir de ese episodio, Arana se derrumbу. Se limitу a dar respuestas vacilantes y confusas a todas las preguntas, delatando su malestar y sobre todo la falta de veracidad como el rasgo mбs evidente de su testimonio.

En plenos trabajos de la comisiуn parlamentaria se abatiу sobre el empresario una nueva catбstrofe. El juez Swinfen Eady, de la Corte Superior de Justicia, a pedido de un grupo de accionistas decretу el cese inmediato de los negocios de la Peruvian Amazon Company. El juez declaraba que la Compaснa obtenнa beneficios «de recolectar caucho de la manera mбs atroz que cabe imaginar» y que «si el seсor Arana no sabнa lo que ocurrнa, su responsabilidad era todavнa mбs grave, pues йl, mбs que nadie, tenнa la obligaciуn absoluta de saber lo que pasaba en sus dominios».

El informe final de la comisiуn parlamentaria no resultу menos lapidario. Concluyу que: «El seсor Julio C. Arana, al igual que sus socios, tuvo conocimiento y es por tanto el principal responsable de las atrocidades perpetra das por sus agentes y empleados en el Putumayo».

Cuando la comisiуn hizo pъblico su informe, que sellу el desprestigio final de Julio C. Arana y precipitу la ruina del imperio que habнa hecho de este humilde vecino de Rioja un hombre rico y poderoso, Roger Casement habнa empezado ya a olvidarse de la Amazonia y el Putumayo. Los asuntos de Irlanda habнan vuelto a ser su principal preocupaciуn. Luego de tomar unas cortas vacaciones, el Foreign Office le propuso que regresara al Brasil como cуnsul general en Rнo de Janeiro y йl aceptу en principio. Pero fue alargando la partida, y, aunque para ello daba al Ministerio y se daba a sн mismo pretextos diversos, la verdad era que en el fondo de su corazуn ya habнa decidido que no volverнa a servir como diplomбtico ni en ningъn otro cargo a la Corona britбnica. Querнa recuperar el tiempo perdido, volcar su inteligencia y energнa en luchar por lo que serнa desde ahora el designio excluyente de su vida: la emancipaciуn de Irlanda.

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