Vio que la historiadora palidecнa un poco a la vez que asentнa. Guardу largo silencio antes de contestar, como preguntбndose si debнa perturbar a su amigo abordando un tema doloroso para йl o como si, mбs bien, tuviera tantas cosas que decir al respecto que no supiera por dуnde comenzar. Al fin, optу por responderle que, aunque habнa oнdo y seguнa oyendo muchas versiones sobre lo que se viviу en Dublнn y algunas otras ciudades de Irlanda la semana del Alzamiento —cosas contradictorias, hechos mezclados con fantasнas, mitos, realidades y exageraciones e invenciones, como ocurrнa cuando algъn acontecimiento soliviantaba a todo un pueblo—, ella daba mucho crйdito sobre todo al testimonio de Austin, un sobrino suyo, fraile capuchino, reciйn venido a Londres. Era una fuente de primera mano, pues йl estuvo allн, en Dublнn, en plena refriega, de enfermero y asistente espiritual, yendo del General Post Office (GPO), el cuartel general desde el que Patrick Pearse y Ja mes Connolly dirigнan el levantamiento, a las trincheras de St. Stephen's Green, donde comandaba las acciones la condesa Constance Markievicz, con un pistolуn de bucanero y su impecable uniforme de Voluntario, a las barricadas erigidas en la Jacob's Biscuit Factory (Fбbrica de Galletas Jacob) y a los locales del Boland's Mili (Molino de Boland) ocupados por los rebeldes al mando de Eamon de Valera, antes de que las tropas inglesas los cercaran. El testimonio de fray Austin, le parecнa a Alice, era el que probablemente se acercaba mбs a esa inalcanzable verdad que sуlo desvela rнan del todo los historiadores futuros.

Hubo otro largo silencio que Roger no osу interrumpir. Hacнa sуlo unos dнas que no la veнa pero Alice parecнa haber envejecido diez aсos. Tenнa arrugas en la frente y en el cuello y sus manos se habнan llenado de pecas. Sus ojos tan claros ya no brillaban. La notу muy triste pero estaba seguro que Alice no llorarнa delante de йl. їSerнa que le denegaron la clemencia y no se atrevнa a decнrselo?

—Lo que mбs recuerda mi sobrino —aсadiу Ali ce— no son los tiroteos, las bombas, los heridos, la sangre, las llamas de los incendios, el humo que no los dejaba respirar, sino, їsabes quй, Roger?, la confusiуn. La inmensa, la enorme confusiуn que reinу toda la semana en los reductos de los revolucionarios.

—їLa confusiуn? —repitiу Roger, muy bajito. Cerrando los ojos, tratу de verla, de oнrla y sentirla.

—La inmensa, la enorme confusiуn —repitiу una vez mбs Alice, con йnfasis—. Estaban dispuestos a hacerse matar, y, al mismo tiempo, vivieron momentos de euforia. Momentos increнbles. De orgullo. De libertad. Aunque ninguno de ellos, ni los jefes, ni los militantes, supieran nunca exactamente lo que estaban haciendo ni lo que querнan hacer. Eso dice Austin.

—їSabнan al menos por quй no habнan llegado las armas que esperaban? —murmurу Roger, al advertir que Alice se enfrascaba una vez mбs en un largo silencio.

—No sabнan nada de nada. Entre ellos se decнan las cosas mбs fantбsticas. Nadie podнa desmentirlas, porque nadie sabнa cuбl era la verdadera situaciуn. Circulaban rumores extraordinarios a los que todos daban crйdito, porque necesitaban creer que habнa una salida a la situaciуn desesperada en que se encontraban. Que un Ejйrcito alemбn estaba acercбndose a Dublнn, por ejemplo. Que habнan desembarcado compaснas, batallones, en distintos puntos de la isla y avanzaban hacia la capital. Que, en el interior, en Cork, en Galway, en Wexford, en Meath, en Tralee, en todas partes, incluido el Ulster, los Voluntarios y el Citizen Army se habнan alzado por millares, ocupado cuarteles y puestos policiales y avanzaban desde todas direcciones hacia Dublнn, con refuerzos para los sitiados. Peleaban medio muertos de sed y de hambre, ya casi sin municiones, y tenнan todas sus esperanzas puestas en la irrealidad.

—Yo sabнa que iba a ocurrir eso —dijo Roger—. No lleguй a tiempo para detener esa locura. Ahora, la libertad de Irlanda estб mбs lejos que nunca, otra vez.

—Eoin MacNeill tratу de atajarlos, cuando se enterу —dijo Alice—. El comando militar del IRB lo tuvo en tinieblas sobre los planes del Alzamiento, porque estaba en contra de una acciуn armada si no habнa apoyo alemбn. Cuando supo que el mando militar de los Voluntarios, el IRB y el Irish Citizen Army habнan convocado a la gente para maniobras militares el Domingo de Ramos, dio una contraorden prohibiendo aquella marcha y que las compaснas de Voluntarios salieran a la calle si no recibнan otras instrucciones firmadas por йl. Esto sembrу una gran confusiуn. Centenares, millares de Voluntarios se quedaron en sus casas. Muchos trataron de contactar a Pearse, a Connolly, a Clarke, pero no lo consiguieron. Despuйs, los que obedecieron la contraorden de MacNeill tuvieron que cruzarse de brazos mientras los que la des obedecieron se hacнan matar. Por eso, ahora, muchos Sinn Fein y Voluntarios odian a MacNeill y lo consideran un traidor.

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