No sуlo los ladrones se enfrentaron a los rebeldes en las calles de Dublнn. Tambiйn muchas madres, esposas, hermanas e hijas de los policнas y soldados a los que los alzados en armas habнan atacado, herido o matado duran te el Alzamiento, grupos a veces numerosos de hembras intrйpidas, exaltadas por el dolor, la desesperaciуn y la rabia. En algunos casos esas mujeres llegaron a lanzarse contra los reductos rebeldes, insultando, apedreando y escupiendo a los combatientes, maldiciйndolos y llamбndolos asesinos. Esa habнa sido la prueba mбs difнcil para quienes creнan tener de su parte la justicia, el bien y la verdad: des cubrir que quienes se les enfrentaban no eran los perros de presa del Imperio, los soldados del Ejйrcito de ocupaciуn, sino humildes irlandesas, cegadas por el sufrimiento, que no veнan en ellos a los libertadores de la patria, sino a los asesinos de los seres queridos, de esos irlandeses como ellos cuyo ъnico delito era ser humildes y hacer el oficio de soldado o policнa con que se ganaban siempre la vida los pobres de este mundo.
—Nada es blanco y negro, querido —comentу Alice—. Ni siquiera en una causa tan justa. Tambiйn aquн aparecen esos grises turbios que todo lo nublan.
Roger asintiу. Lo que su amiga acababa de decir se aplicaba a йl. Por mбs que uno fuera precavido y planeara sus acciones con la mayor lucidez, la vida, mбs compleja que todos los cбlculos, hacнa estallar los esquemas y los reemplazaba por situaciones inciertas y contradictorias. їNo era йl un ejemplo viviente de esas ambigьedades? Sus interrogadores Reginald Hall y Basil Thomson creнan que йl vino de Alemania a ponerse a la cabeza del Alzamiento cuyos dirigentes le ocultaron hasta el ъltimo momento porque sabнan que se oponнa a una rebeliуn que no con tara con las Fuerzas Armadas alemanas. їSe podнa pedir mбs incongruencias?
їCundirнa ahora la desmoralizaciуn entre los nacionalistas? Sus mejores cuadros estaban muertos, fusilados o en la cбrcel. Reconstruir el movimiento independentista tardarнa aсos. Los alemanes, en quienes tantos irlandeses, como йl mismo, confiaban, les habнan dado la espalda. Aсos de sacrificio y empeсos dedicados a Irlanda, perdidos sin remedio. Y йl aquн, en una cбrcel inglesa, esperando el resultado de un pedido de clemencia que probablemente serнa denegado. їNo hubiera sido mejor morir allб, con esos poetas y mнsticos, pegando y recibiendo tiros? Su muerte habrнa tenido un sentido rotundo, en vez de lo equнvoco que serнa morir en la horca, como un delincuente comъn. «Poetas y mнsticos». Eso eran y asн habнan actuado, eligiendo, como foco de la rebeliуn, no un cuartel o el Dublin Castle, la ciudadela del poder colonial, sino un edificio civil, el de Correos, reciйn remodelado. Una elecciуn de ciudadanos civilizados, no de polнticos ni militares. Querнan conquistar a la poblaciуn antes que derrotar a los soldados ingleses. їNo se lo habнa dicho tan claramente Joseph Plunkett en sus discusiones de Berlнn? Una rebeliуn de poetas y mнsticos ansiosos de martirio para sacudir a esas masas adormecidas que creнan, como
Suspirу y Alice le palmeу cariсosamente en el brazo:
—Es triste y exaltante hablar de esto їno, querido Roger?
—Sн, Alice. Triste y exaltante. Aveces, siento una cуlera muy grande por lo que hicieron. Otras veces, los envidio con toda mi alma y mi admiraciуn por ellos no tiene lнmites.
—En verdad, no hago mбs que pensar en esto. Y en la falta que me haces, Roger —dijo Alice, cogiйndolo del brazo—. Tus ideas, tu lucidez, me ayudarнan mucho a ver la luz en medio de tanta sombra. їSabes una cosa? Ahora no, pero a medio plazo algo bueno resultarб de todo lo ocurrido. Ya hay indicios.
Roger asintiу, sin entender del todo lo que la historiadora querнa decir.
—Por lo pronto, los partidarios de