Roger advirtiу que el sheriff, siempre de espaldas, se movнa, como si fuera a volverse hacia ellos para ordenar que callaran. Pero tampoco lo hizo esta vez. Alice parecнa ahora optimista. Segъn ella, tal vez Pearse, Plunkett, no estuvieran tan descaminados. Porque cada dнa se multiplicaban en Ir landa las manifestaciones espontбneas de la gente, en la calle, en las iglesias, en las asociaciones vecinales, en los gremios, de simpatнa con los mбrtires, los fusilados y los sentenciados a largas penas de prisiуn, y de hostilidad hacia policнas y soldados del Ejйrcito britбnico. Estos eran objeto de insultos y vejбmenes de los transeъntes al extremo de que el Gobierno militar dio instrucciones para que policнas y soldados hicieran sus patrullas siempre en grupos, y, cuan do no estaban de servicio, vistieran de paisano. Porque la hostilidad popular producнa desmoralizaciуn entre las fuer zas del orden.

Segъn Alice, el cambio mбs notable se habнa producido en la Iglesia catуlica. La jerarquнa y el grueso del clero se mostraron siempre mбs cerca de las tesis pacifistas, gradualistas y a favor del Home Rule para Irlanda, de John Redmond y sus seguidores del Irish Parliamentary Party, que del radicalismo separatista del Sinn Fein, la Liga Gaйlica, el IRB y los Voluntarios. Pero, desde el Alzamiento, cambiу. Quizбs habнa influido en ello la conducta tan religiosa que mostraron los alzados durante la semana de combates. Los testimonios de los sacerdotes, entre ellos el de fray Austin, que estuvieron en las barricadas, edificios y locales convertidos en focos rebeldes eran terminantes: se habнan celebrado misas, confesiones, comuniones, muchos combatientes habнan pedido a los religiosos la bendiciуn antes de empezar a disparar. En todos los reductos los alzados respetaron la prohibiciуn terminante de los lнderes de que se consumiera ni una gota de alcohol. En los perнodos de calma, los rebeldes rezaban el rosario en voz alta, arrodillados. Ni uno solo de los ejecutados, incluso James Connolly, que se proclamaba socialista y tenнa fama de ateo, habнa dejado de pedir el auxilio de un sacerdote antes de enfrentarse al pelotуn. En una silla de invбlido, con las heridas todavнa sangrando de los balazos que recibiу en los combates, Connolly fue fusilado luego de besar un crucifijo que le alcanzу el capellбn de la cбrcel de Kilmainham. Desde el mes de mayo, en toda Irlanda proliferaban las misas de Acciуn de Gracias y homenajes a los mбrtires de Semana Santa. No habнa domingo en que, en los sermones de la misa, los pбrrocos no exhortaran a los feligreses a rezar por el alma de los patriotas ejecutados y enterrados de manera clandestina por el Ejйrcito britбnico. El jefe militar, sir John Maxwell, habнa hecho una protesta formal a la jerarquнa catуlica, y, en vez de darle explicaciones, el obispo O'Dwyer justificу a sus pбrrocos acusando mбs bien al general de ser «un dictador militar» y de actuar de manera anticristiana con las ejecuciones y su negativa a devolver los cadбveres de los fusilados a las familias. Este ъltimo hecho, sobre todo, que el Gobierno militar, amparado en la supresiуn de garantнas de la Ley Marcial, hubiera enterrado a escondidas a los patriotas para evitar que sus tumbas se convirtieran en centros de peregrinaciуn republicana, causу una indignaciуn que abraza ba a sectores que no habнan visto hasta ahora con simpatнa a los radicales.

—En resumen, los papistas ganan cada dнa mбs terreno y los nacionalistas anglicanos nos encogemos como La piel de zapa, esa novela de Balzac. Sуlo falta que tъ y yo tambiйn nos convirtamos al catolicismo, Roger —bromeу Alice.

—Yo prбcticamente ya lo he hecho —repuso Roger—. Y no por razones polнticas.

—Yo no lo harнa nunca, no te olvides que mi padre era un clйrigo de la Church of Ireland —dijo la historia dora—. Lo tuyo no me sorprende, lo veнa venir desde hace tiempo. їTe acuerdas de las bromas que te hacнamos, en las tertulias en mi casa?

—Esas tertulias inolvidables —suspirу Roger—. Te voy a contar una cosa. Ahora, con tanto tiempo libre para pensar, muchos dнas he hecho ese balance: їdуnde y cuбndo fui mбs feliz? En las tertulias de los martes, en tu casa de Grosvenor Road, querida Alice. Nunca te lo dije, pero yo salнa de esas reuniones en estado de gracia. Exaltado y feliz. Reconciliado con la vida. Pensando: «Quй lбstima que no estudiara, que no pasara por la universidad». Oyйndolos a ti y a tus amigos me sentнa tan lejos de la cultura como los nativos del Бfrica o de la Amazonia.

—A mн y a ellos nos pasaba algo parecido contigo, Roger. Envidiбbamos tus viajes, tus aventuras, que hubieras vivido tantas vidas distintas en aquellos lugares. Se lo oн decir alguna vez a Yeats: «Roger Casement es el irlandйs mбs universal que he conocido. Un verdadero ciudadano del mundo». Creo que nunca te lo contй.

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