Pero, un momento despuйs, le contaba a Roger que entre los centenares de irlandeses deportados y traнdos a las cбrceles inglesas era impresionante cуmo crecнan las adhesiones al Sinn Fein y al IRB. Incluso personas moderadas e independientes y conocidos pacifistas se afiliaban a esas organizaciones radicales. Y el gran nъmero de peticiones que aparecнan en toda Irlanda pidiendo amnistнa para los condenados. Tambiйn en Estados Unidos, en to das las ciudades donde habнa comunidades irlandesas, se guнan las manifestaciones de protesta contra los excesos de la represiуn luego del Alzamiento.
—El tiempo de la visita ha corrido en exceso —la interrumpiу el
—Conseguirй otro permiso, vendrй a verte antes de… —dijo y se callу Alice, poniйndose de pie. Se habнa puesto muy pбlida.
—Claro que sн, Alice querida —asintiу Roger, abrazбndola—. Espero que lo consigas. No sabes cuбnto bien me hace verte. Cуmo me serena y me llena de paz.
Pero no fue asн esta vez. Regresу a su celda con un tumulto de imбgenes en la cabeza, todas relacionadas con la rebeliуn de Semana Santa, como si los recuerdos y testimonios de su amiga lo hubieran sacado de Pentonville Prison y arrojado en medio de la guerra callejera, en el fragor de los combates. Sintiу una inmensa nostalgia de Dublнn, de sus edificios y casas de ladrillos rojos, los jardincillos minъsculos protegidos por verjas de madera, los tranvнas ruidosos, los barrios contrahechos de precarias viviendas con gentes miserables y descalzas rodeando los islotes de afluencia y modernidad. їCуmo habrнa quedado todo aquello despuйs de las descargas de artillerнa, las bombas incendiarias, los derrumbes? Pensу en el Abbey Theatre, en The Gate, en el Olympia, en los bares malolientes y cбlidos olorosos a cerveza y chisporroteando de conversaciones. їVolverнa a ser Dublнn lo que habнa sido?
El
Permanecнa en silencio, rumiando su dolor, con una respiraciуn profunda y agitada.