Habнan pasado poco mбs de tres meses desde su captura y sentнa que llevaba aсos entre rejas, en un aislamiento en el que dнa a dнa, hora a hora, iba perdiendo su humanidad. No se lo dijo a Alice, pero si alguna vez alentу la esperanza de que el Gobierno britбnico aceptara el pedido de clemencia y le conmutara la condena a muerte por prisiуn, ahora la habнa perdido. En el clima de cуlera y deseo de venganza en que habнa puesto a la Corona, en especial a sus militares, el Alzamiento de Semana Santa, Inglaterra necesitaba un escarmiento ejemplar contra los traidores que veнan en Alemania, el enemigo contra el cual combatнa el Imperio en los campos de Flandes, el aliado de Irlanda en sus luchas por la emancipaciуn. Lo raro era que el gabinete hubiera aplazado tanto la decisiуn. їQuй esperaban? їQuerнan prolongar su agonнa haciйndole pagar su ingratitud con el paнs que lo condecorу y ennobleciу y al que йl habнa correspondido conspirando con su adversario? No, en polнtica los sentimientos no importaban, sуlo los intereses y conveniencias. El Gobierno estarнa evaluando con frialdad las ventajas y los perjuicios que traerнa su ejecuciуn. їServirнa como escarmiento? їEmpeorarнa las relaciones del Gobierno con el pueblo irlandйs? La campaсa de desprestigio contra йl pretendнa que nadie llorara a esa ignominia humana, a ese degenerado del que la horca librarнa a la sociedad decente. Fue estъpido dejar aquellos diarios al alcance de la mano de cualquiera cuando partiу hacia los Estados Unidos. Una negligencia que serнa muy bien aprovechada por el Imperio y que por mucho tiempo empaсarнa la verdad de su vida, de su conducta polнtica y hasta de su muerte.

Se volviу a quedar dormido. Esta vez, en lugar de un sueсo, tuvo una pesadilla que a la maсana siguiente apenas recordaba. En ella aparecнa un pajarillo, un canario de voz lнmpida al que martirizaban las rejas de la jaula donde estaba encerrado. Se advertнa en la desesperaciуn con que batнa sus alitas doradas, sin cesar, como si con este movimiento aquellas rejas fueran a ensancharse para dejarlo partir. Sus ojitos giraban sin tregua en sus уrbitas pidiendo conmiseraciуn. Roger, un niсo de pantalуn corto, le decнa a su madre que no debнan existirнas jaulas, ni los zoolуgicos, que los animales debнan vivir siempre en libertad. Al mismo tiempo, algo secreto ocurrнa, un peligro iba cercбndolo, algo invisible que su sensibilidad detectaba, algo insidioso, traicionero, que ya estaba allн y se disponнa a golpear. El sudaba, temblando como una hojita de papel.

Se despertу tan agitado que apenas podнa respirar. Se ahogaba. Su corazуn latнa en su pecho con tanta fuerza que tal vez era el comienzo del infarto. їDebнa llamar al guardia de tumo? Desistiу, de inmediato. їQuй mejor que morir aquн, en su camastro, de una muerte natural que lo librarнa del patнbulo? Momentos despuйs, su corazуn se apaciguу y pudo respirar de nuevo con normalidad.

їVendrнa hoy el padre Carey? Tenнa ganas de verlo y mantener con йl una larga conversaciуn sobre temas y preocupaciones que tuvieran que ver mucho con el alma, la religiуn y Dios y muy poco con la polнtica. Y, al momento, mientras empezaba a serenarse y a olvidar su reciente pesadilla, vino a su memoria la ъltima reuniуn con el capellбn de la prisiуn y aquel momento de sъbita tensiуn, que lo llenу de zozobra. Hablaban de su conversiуn al catolicismo. El padre Carey le decнa una vez mбs que no debнa hablar de «conversiуn» pues, habiendo sido bautizado de niсo, nunca se habнa apartado de la Iglesia. El acto serнa una reactualizaciуn de su condiciуn de catуlico, algo que no necesitaba trбmite formal alguno. De todos modos —y, en ese instante, Roger advirtiу que el padre Carey vacilaba, buscando las palabras con cuidado para evitar ofenderlo—, Su Eminencia el cardenal Bourne habнa pensado que, si a Roger le parecнa oportuno, podrнa firmar un documento, un texto privado entre йl y la Iglesia, manifestando su voluntad de retorno, una reafirmaciуn de su condiciуn de catуlico al mismo tiempo que un testimonio de renuncia y arrepentimiento de viejos errores y traspiйs.

El padre Carey no podнa disimular lo incуmodo que se sentнa.

Hubo un silencio. Luego, Roger dijo con suavidad:

—No firmarй ningъn documento, padre Carey. Mi reincorporaciуn a la Iglesia catуlica debe ser algo нntimo, con usted como ъnico testigo.

—Asн serб —dijo el capellбn.

Siguiу otro silencio, siempre tenso.

—їEl cardenal Bourne se referнa a lo que me imagino? —preguntу Roger—. Quiero decir, a la campaсa contra mн, las acusaciones sobre mi vida privada. їDe eso deberнa arrepentirme en un documento para ser readmitido en la Iglesia catуlica?

La respiraciуn del padre Carey se habнa hecho mбs rбpida. De nuevo, buscaba las palabras antes de responder.

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