A Roger le causу una fuerte impresiуn el viejo y experimentado revolucionario cuya vida parecнa una no vela de aventuras. Llevaba sus setenta y dos aсos con vigor y transmitнa una energнa contagiosa en sus gestos, movimientos y manera de hablar. Tomando notas en una libretita con un lбpiz cuya punta se mojaba en la boca de tanto en tanto, escuchу el informe de Roger sobre los Voluntarios sin interrumpirlo. Cuando callу, le hizo innumerables preguntas, pidiйndole precisiones. A Roger lo maravillу que John Devoy estuviera tan prolijamente informado de lo que ocurrнa en Irlanda, incluso de asuntos que se suponнa se guardaban en el mayor secreto.

No era un hombre cordial. Estaba endurecido por sus aсos de cбrcel, clandestinidad y luchas, pero inspiraba confianza, la sensaciуn de ser franco, honesto y de convicciones granнticas. En esa charla y en las que tendrнan todo el tiempo que permaneciу en Estados Unidos, Roger advirtiу que йl y Devoy coincidнan milimйtricamente en sus opiniones sobre Irlanda. John creнa tambiйn que ya era tarde para la Autonomнa, que ahora el objetivo de los patriotas irlandeses era ъnicamente la emancipaciуn. Y las acciones armadas serнan complemento indispensable de las negociaciones. El Gobierno inglйs sуlo aceptarнa negociar cuando las operaciones militares le crearan una situaciуn tan difнcil que conceder la independencia fuera para Londres el mal menor. En esta guerra inminente, el acercamiento a Alemania era vital para los nacionalistas: su apoyo logнstico y polнtico darнa a los independentistas una eficacia mayor. John Devoy le hizo saber que en la comunidad irlandesa de Estados Unidos no habнa unanimidad a este respecto. Las tesis de John Redmond tenнan tambiйn partidarios aquн, aunque la dirigencia del Clan na Gael coincidнa con Devoy y Casement.

En los dнas siguientes, John Devoy le presentу a la mayorнa de dirigentes de la organizaciуn en New York asн como a John Quinn y William Boerke Cokrane, dos abogados norteamericanos influyentes que prestaban ayuda a la causa irlandesa. Ambos tenнan relaciones con altos cнrculos del Gobierno y el Parlamento de Estados Unidos.

Roger notу el buen efecto que hizo entre las comunidades irlandesas desde que, a instancias de John Devoy, comenzу a hablar en los mнtines y reuniones para recolectar fondos. Era conocido por sus campaсas en favor de los indнgenas del Бfrica y la Amazonia, y su oratoria racional y emotiva llegaba a todos los pъblicos. Al final de los mнtines en los que hablу, en New York, Filadelfia y otras ciudades de la Costa Este, las recaudaciones aumentaron. Los dirigentes del Clan na Gael le bromeaban que a este paso se harнan capitalistas. La Ancient Order ofHibernians lo in vitу a ser el orador principal en el mitin mбs numeroso en que Roger participу en los Estados Unidos.

En Filadelfia conociу a otro de los grandes dirigen tes nacionalistas en el exilio, Joseph McGarrity, colaborador estrecho de John Devoy en el Clan na Gael. Precisa mente estaba en su casa cuando les llegу la noticia del йxito del desembarco clandestino de mil quinientos fusiles y diez mil municiones para los Voluntarios en la localidad de Howth. La noticia provocу una explosiуn de alegrнa y fue celebrada con un brindis. Poco despuйs supo que, luego de aquel desembarco, hubo un serio incidente en Bachelor's Walk entre irlandeses y soldados britбnicos del regimiento The King's Own Scottish Borderers, en el que murieron tres personas y resultaron mбs de cuarenta heridos. їComenzaba, pues, la guerra?

En casi todas sus idas y venidas por Estados Unidos, reuniones del Clan na Gael y actos pъblicos, Roger aparecнa acompaсado de Eivind Adler Christensen. Lo presentaba como su ayudante y persona de confianza. Le habнa comprado ropa mбs presentable y lo habнa pues to al dнa sobre la problemбtica irlandesa, de la que el joven noruego decнa ignorarlo todo. Era inculto pero no tonto, aprendнa rбpido y se mostraba muy discreto en las reuniones entre Roger, John Devoy y otros miembros de la organizaciуn. Si a йstos la presencia del joven noruego les despertу recelos, se los guardaron para sн, pues en ningъn momento hicieron a Roger preguntas impertinentes sobre su acompaсante.

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