—Conrad decнa que, en el Congo, la corrupciуn moral del ser humano salнa a la superficie. La de blancos y negros. A mн,
—Siento interrumpirlos —dijo el guardia, volviйndose hacia ellos—. Han pasado quince minutos y el permiso para las visitas era de diez. Tienen que despedirse.
Roger le extendiу la mano a Alice, pero, ante su sorpresa, ella le abriу los brazos. Lo estrechу con fuerza. «Seguiremos haciendo todo, todo, para salvarte la vida, Roger», murmurу en su oнdo. El pensу: «Para que Alice se permita estas efusiones, debe estar convencida de que el pedido serб rechazado».
Mientras regresaba a su celda, sintiу tristeza. їVerнa alguna vez mбs a Alice Stopford Green? ЎCuбntas cosas representaba para йl! Nadie encarnaba tanto como la historiadora su pasiуn por Irlanda, la ъltima de sus pasiones, la mбs intensa, la mбs recalcitrante, una pasiуn que lo habнa consumido y probablemente lo mandarнa a la muer te. «No lo lamento», se repitiу. Los muchos siglos de opresiуn habнan causado tanto dolor en Irlanda, tanta injusticia, que valнa la pena haberse sacrificado por esta noble causa. Habнa fracasado, sin duda. El plan tan cuidadosa mente estructurado para acelerar la emancipaciуn de Eire asociando su lucha a Alemania y haciendo coincidir una acciуn ofensiva del Ejйrcito y la Marina del Kбiser contra Inglaterra y el levantamiento nacionalista no saliу como йl lo previo. Tampoco fue capaz de parar aquella rebeliуn. Y, ahora, Sean McDermott, Patrick Pearse, Eamonn Ceannt, Tom Clarke, Joseph Plunkett y cuбntos otros habнan sido fusilados. Centenas de compaсeros se pudrirнan en la prisiуn sabнa Dios por cuбntos aсos. Al menos, que daba su ejemplo, como decнa con fiera determinaciуn el desbaratado Joseph Plunkett, en Berlнn. De entrega, de amor, de sacrificio, por una causa semejante a la que lo hizo luchar contra Leopoldo II en el Congo, contra Julio C. Arana y los caucheros del Putumayo en la Amazonia. La de la justicia, la del desvalido contra los atropellos de los poderosos y de los dйspotas. їConseguirнa la campaсa que lo llamaba degenerado y traidor borrar todo lo demбs? Despuйs de todo, quй importaba. Lo importante se decidнa allб arriba, la ъltima palabra la tenнa ese Dios que, por fin, desde hacнa algъn tiempo empezaba a compadecerse de йl.
Tumbado en su camastro, de espaldas, con los ojos cerrados, volviу a su memoria Joseph Conrad. їSe hubiera sentido mejor si el ex marino firmaba la peticiуn? Tal vez sн, tal vez no. їQuй le habнa querido decir, aquella noche, en su casita de Kent, cuando afirmу: «Antes de ir al Congo, yo no era mбs que un pobre animal»? La frase lo habнa impresionado, aunque sin entenderla del todo. їQuй significaba? Quizбs que, lo que hizo, dejу de hacer, vio y oyу en esos seis meses en el Medio y Alto Congo le despertaron inquietudes mбs profundas y transcendentes sobre la condiciуn humana, sobre el pecado original, sobre el mal, sobre la Historia. Roger podнa entender eso muy bien. A йl tambiйn el Congo lo habнa humanizado, si ser humano significaba conocer los extremos que podнan alcanzar la codicia, la avaricia, los prejuicios, la crueldad. La corrupciуn moral era eso, sн: algo que no existнa entre los animales, una exclusividad de los humanos. El Congo le habнa revelado que esas cosas formaban parte de la vida. Le habнa abierto los ojos. «Desvirgado» a йl tambiйn, como al polaco. Entonces recordу que habнa llegado al Бfrica, con sus veinte aсos, todavнa virgen. їNo era injusto que la prensa, como le habнa dicho el
Para combatir la desmoralizaciуn que iba ganбndolo, tratу de imaginar el placer que serнa darse un largo baсo de baсera, con mucha agua y jabуn, apretando contra el suyo otro cuerpo desnudo.
VI