Partiу de Matadi el 5 de junio de 1903, en el ferrocarril construido por Stanley y en el que йl mismo habнa trabajado de joven. Los dos dнas de viaje que tomу el lento trayecto hasta Leopoldville estuvo pensando, de manera obsesiva, en una proeza deportiva de sus aсos mozos: haber sido el primer blanco que nadу en el rнo mбs grande de la ruta de las caravanas entre Manyanga y Stanley Pool: el Nkissi. Ya lo habнa hecho, con total inconsciencia, en rнos mбs pequeсos del Bajo y Medio Congo, el Kwilo, el Lukungu, el Mpozo y el Lunzadi, donde habнa tambiйn cocodrilos, y nada le ocurriу. Pero el Nkissi era mбs gran de y torrentoso, tenнa cerca de cien metros de ancho y estaba lleno de remolinos por la cercanнa de la gran cata rata. Los indнgenas le advirtieron que era imprudente, podнa ser arrastrado y estrellado contra las piedras. En efecto, a las pocas brazadas, Roger se sintiу tironeado de las piernas y aventado hacia el centro de las aguas por corrientes encontradas de las que, pese a su pataleo y a sus enйrgicos manotazos, no conseguнa zafarse. Cuando le faltaban ya las fuerzas —habнa tragado alguna bocanada de agua— consiguiу acercarse a la orilla haciйndose revolcar por una ola. Allн se aferrу a unas rocas, como pudo. Cuando trepу la pendiente estaba lleno de araсazos. El corazуn se le salнa por la boca.
El viaje que por fin emprendнa durу tres meses y diez dнas. Roger pensarнa despuйs que en ese perнodo cambiу su manera de ser y se convirtiу en otro hombre, mбs lъcido y realista de lo que habнa sido antes, sobre el Congo, el Бfrica, los seres humanos, el colonialismo, Irlanda y la vida. Pero aquella experiencia hizo de йl, tambiйn, un ser mбs propenso a la infelicidad. En los aсos que le quedaban por vivir muchas veces se dirнa, en momentos de desбnimo, que hubiera sido preferible no haber hecho ese viaje al Medio y Alto Congo para verificar quй habнa de cierto sobre las acusaciones de iniquidades contra indнgenas en zonas caucheras que lanzaban en Londres ciertas iglesias y ese periodista, Edmund D. Morel, que parecнa haber dedicado su vida a criticar a Leopoldo II y al Estado Independiente del Congo.
En el primer tramo del viaje entre Matadi y Leopold ville le sorprendiу lo despoblado del paisaje, que aldeas como Tumba, donde pasу la noche, y las que salpicaban los valles de Nsele y Ndolo, que antes bullнan de gente, estuvieran semidesiertas, con fantasmales ancianos arrastrando los pies en medio de la polvareda, o acuclillados contra los troncos, los ojos cerrados, como muertos o durmiendo.
En esos tres meses y diez dнas la impresiуn de des poblamiento y eclipse de la gente, de desapariciуn de aldeas y asentamientos donde йl habнa estado, pasado la no che, comerciado, hacнa quince o diecisйis aсos, se repetнa una y otra vez, como pesadilla, en todas las regiones, a orillas del rнo Congo y de sus afluentes, o en el interior, en las entradas que Roger hacнa para recoger el testimonio de misioneros, funcionarios, oficiales y soldados de la Forcй Publique, y de los indнgenas a los que podнa interrogar en lingala, kikongo y swahili, o en sus propios idiomas, sirviйndose de intйrpretes. їDуnde estaba la gente? La memoria no lo engaсaba. Tenнa muy presente la efervescencia humana, las bandadas de niсos, de mujeres, de hombres tatuados, con los incisivos limados, collares de dientes, a veces con lanzas y mбscaras, que antes lo rodeaban, examinaban y tocaban. їCуmo era posible que se hubieran esfumado en tan pocos aсos? Algunas aldeas se habнan extinguido, en otras la poblaciуn se habнa reducido a la mitad, a la tercera y hasta la dйcima parte. En algunos lugares, pudo cotejar nъmeros precisos. Lukolela, por ejemplo, en 1884, cuando Roger visitу por primera vez esa populosa comunidad, tenнa mбs de 5.000 pobladores. Ahora, apenas 352. Y, la mayorнa, en estado ruinoso por la edad o las enfermedades, de modo que, despuйs de la inspecciуn, Casement concluyу que sуlo 82 supervivientes estaban todavнa en capacidad de trabajar. їCуmo se habнan hecho humo mбs de 4.000 habitantes de Lukolela?