їDe quй hablaron aquellas doce horas ininterrumpidas? Mucho del Бfrica, por supuesto, pero tambiйn de sus familias, de su infancia, de sus sueсos, ideales y anhelos de adolescentes, y de cуmo, sin proponйrselo, el Congo se habнa instalado en el corazуn de sus vidas y las habнa transformado de pies a cabeza. Roger se quedу maravillado de que alguien que nunca hubiera estado allб conociera tan bien ese paнs. Su geografнa, su historia, su gente, sus problemas. Escuchу fascinado cуmo, hacнa ya de esto muchos aсos, ese oscuro empleado de la Eider Dempster Line (la misma empresa en la que habнa trabajado Roger de joven en Liverpool) que era Morel, encargado en el puerto de Amberes de registrar los barcos y hacer auditorнas de su cargamento, entrу en sospechas al advertir que el comercio libre que, se suponнa, habнa abierto Su Majestad Leopoldo II entre Europa y el Estado In dependiente del Congo, era no sуlo asimйtrico, sino una farsa. їQuй clase de comercio libre era aquel en el que los barcos que venнan del Congo descargaban en el gran puerto flamenco toneladas de caucho y cantidades de marfil, aceite de palma, minerales y pieles, y cargaban para llevar allб sуlo fusiles, chicotes y cajas de vidrios de colores?
Asн comenzу Morel a interesarse por el Congo, a investigar, a interrogar a los que iban allн o volvнan a Europa, comerciantes, funcionarios, viajeros, pastores, sacerdotes, aventureros, soldados, policнas, y a leer todo lo que caнa en sus manos sobre aquel inmenso paнs cuyos infortunios llegу a conocer al dedillo, como si hubiera hecho decenas de viajes de inspecciуn parecidos a los de Roger Casement por el Medio y Alto Congo. Entonces, sin renunciar todavнa a su puesto en la compaснa, comenzу a escribir cartas y artнculos en revistas y periуdicos de Bйlgica y de Inglaterra, al principio con seudуnimo y luego con nombre propio, denunciando lo que descubrнa y des mintiendo con datos y testimonios la imagen idнlica del Congo que los plumarios al servicio de Leopoldo II ofrecнan al mundo. Llevaba ya muchos aсos en esta empresa, publicando artнculos, folletos y libros, hablando en iglesias, centros culturales, organizaciones polнticas. Su campaсa habнa prendido. Mucha gente ahora lo secundaba. «Esto es tambiйn Europa», pensу muchas veces ese 10 de diciembre Roger Casement. «No sуlo los colonos, policнas y cri minales que mandamos al Бfrica. Europa es tambiйn este espнritu cristalino y ejemplar: Edmund D. Morel».
A partir de entonces se vieron a menudo y continuaron esos diбlogos que a ambos los exaltaban. Empezaron a llamarse con seudуnimos afectuosos: Roger era
Al cabo de los aсos, cuando Roger Casement recordaba esas semanas febriles de fines de 1903 y las primeras de 1904, se dirнa que lo mбs importante, para йl, no habнa sido la popularidad que alcanzу aun antes de que el Gobierno de Su Majestad publicara su