En aquellos meses habнa hecho una larga caminata por Donegal y Galway, tomбndole el pulso a la geografнa de su patria cautiva, observando como un enamorado la austeridad de sus campos desйrticos, su costa bravнa, y charlando con sus pescadores, seres intemporales, fatalistas, indoblegables, y sus campesinos frugales y lacуnicos. Habнa conocido muchos irlandeses «del otro lado», catуlicos y algunos protestantes que, como Douglas Hyde, fundador de la National Literary Society, promovнan el renacimiento de la cultura irlandesa, querнan devolver los nombres nativos a los lugares y a las aldeas, resucitar las antiguas canciones de Eire, las viejas danzas, el hilado y el bordado tradicionales del tweed y del lino. Cuando saliу su nombramiento al consulado de Lisboa atrasу su partida hasta el infinito, inventando pretextos de salud, para poder asistir al primer Feisna nGleann (Festival de los Glens), en Antrim, al que concurrieron cerca de tres millares de personas. Aquellos dнas, Roger sintiу varias veces que se le humedecнan los ojos al oнr las alegres melodнas ejecutadas por los gaiteros y cantadas en coro, o escuchando —sin entender lo que decнan— a los contadores de cuentos refiriendo en gaйlico romances y leyendas que se hundнan en la noche medieval. Hasta un partido de hurling, ese deporte centenario, se jugу en aquel festival, en el que Roger conociу a polнticos y escritores nacionalistas como sir Horace Plunkett, Bulmer Hobson, Stephen Gwynn y volviу a reunirse con esas amigas que, al igual que Alice Stopford Green, habнan hecho suyo el combate a favor de la cultura irlandesa: Ada MacNeill, Margaret Dobbs, Alice Milligan, Agnes O'Farrelly y Rose Maud Young.

Desde entonces dedicaba parte de sus ahorros e ingresos a las asociaciones y a los colegios de los hermanos Pearse, que enseсaban gaйlico, y a revistas nacionalistas en las que colaboraba con seudуnimo. Cuando, en 1904, Arthur Griffith fundу el Sinn Fein, Roger Casement tomу contacto con йl, se ofreciу a colaborar y se suscribiу a todas sus publicaciones. Las ideas de este periodista coincidнan con las de Bulmer Hobson, de quien Roger se hizo amigo. Habнa que ir creando, junto a las instituciones coloniales, una infraestructura irlandesa (colegios, empresas, bancos, industrias) que poco a poco fuera sustituyendo a la impuesta por Inglaterra. De este modo los irlandeses irнan tomando conciencia de su propio destino. Habнa que boicotear los productos britбnicos, rehusar el pago de impuestos, reemplazar los deportes ingleses como el cricket y el fъtbol por deportes nacionales y tambiйn la literatura y el teatro. De este modo, de manera pacнfica, Irlanda irнa desgajбndose de la sujeciуn colonial.

Ademбs de leer mucho sobre el pasado de Irlanda, bajo la tutorнa de Alice, Roger tratу de nuevo de estudiar gaйlico y tomу una profesora, pero progresу poco. En 1906, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, sir Edward Grey, del Partido Liberal, le ofreciу enviarlo de cуnsul a Santos, en el Brasil. Roger aceptу, aunque sin alegrнa, porque su mecenazgo proirlandйs habнa acabado con su pequeсo patrimonio, vivнa de prйstamos y necesitaba ganarse la vida.

Tal vez el escaso entusiasmo con que retomу la carrera diplomбtica contribuyу a hacer de esos cuatro aсos en el Brasil —1906-1910— una experiencia frustrante. Nunca acabу de acostumbrarse a ese vasto paнs, pese a sus bellezas naturales y a los buenos amigos que llegу a tener en Santos, Parб y Rнo de Janeiro. Lo que mбs lo deprimiу fue que, a diferencia del Congo, donde, pese a las dificultades, tuvo siempre la impresiуn de trabajar por algo trascendente, que desbordaba el marco consular, en Santos su actividad principal tenнa que ver con los marineros britбnicos borrachos que se metнan en lнos y a los que йl tenнa que sacar de la cбrcel, pagar sus multas y devolver a Inglaterra. En Parб oyу hablar por primera vez de violencias en las regiones caucheras. Pero el Ministerio le ordenу concentrarse en la inspecciуn de la actividad portuaria y comercial. Su trabajo consistнa en registrar el movimiento de los barcos y facilitar las gestiones de los ingleses que llegaban con la intenciуn de comprar y vender. Donde lo pasу peor fue en Rнo de Janeiro, en 1909. El clima empeorу todos sus males y les aсadiу unas alergias que le impedнan dormir. Debiу optar por irse a vivir a ochenta kilуmetros de la capital, en Petrуpolis, situada en unas alturas donde disminuнan el calor y la humedad y las no ches eran frescas. Pero las idas y venidas diarias a la oficina en el tren se convirtieron en una pesadilla.

En el sueсo recordу con insistencia que, en septiembre de 1906, antes de partir hacia Santos, escribiу un largo poema йpico, «El sueсo del celta», sobre el pasado mнtico de Irlanda, y un panfleto polнtico, junto con Alice Stopford Green y Bulmer Hobson, Los irlandeses y el Ejйrcito inglйs, rechazando que los irlandeses fueran reclutados para el Ejйrcito britбnico.

Перейти на страницу:

Поиск

Похожие книги