—Visita —murmurу el
—Mi patria es Irlanda —lo interrumpiу йl.
—… sino por sus asquerosidades —el
—їRechazу el gabinete el pedido de clemencia?
—Todavнa —se demorу en responder el
—A йl no le pedirй clemencia. Es el rey de ustedes, no mнo.
—Irlanda es britбnica —murmurу el
Se callу porque ya habнan llegado al locutorio.
No era el padre Carey, el capellбn catуlico de Pentonville Prison, quien habнa venido a visitarlo, sino Gertrude, Gee, su prima. Lo abrazу con mucha fuerza y Roger la sintiу temblar en sus brazos. Pensу en un pajarillo aterido. Cуmo habнa envejecido Gee desde su encarcelaciуn y juicio. Recordу a la muchacha traviesa y animosa de Liverpool, a la mujer atractiva y amante de la vida de Londres, a la que por su pierna enferma sus amigos llamaban cariсosamente
—Debo apestar a todas las porquerнas del mundo —bromeу Roger, seсalando su uniforme lanudo de color azul—. Me han quitado el derecho a baсarme. Me lo devolverбn sуlo por una vez, si me ejecutan.
—No lo harбn, el Consejo de Ministros aprobarб la clemencia —afirmу Gertrude, moviendo la cabeza para dar mбs fuerza a sus palabras—. El presidente Wilson intercederб por ti ante el Gobierno britбnico, Roger. Ha prometido enviar un telegrama. Te la concederбn, no habrб ejecuciуn, crйeme.
Lo decнa de manera tan tensa, con una voz tan quebrada, que Roger sintiу pena por ella, por todos los amigos que, como Gee, sufrнan estos dнas la misma angustia e incertidumbre. Tenнa ganas de preguntarle por los ataques de los periуdicos que habнa mencionado el carcelero, pero se contuvo. їEl presidente de los Estados Unidos intercederнa por йl? Serнan iniciativas de
No habнa dуnde sentarse y Roger y Gertrude permanecнan de pie, muy juntos, dando la espalda al
—Gavan Duffy me contу que te habнan echado del colegio de Queen Anne's —se disculpу Roger—. Ya sй que ha sido por mi culpa. Te pido mil perdones, querida Gee. Causarte daсo es lo ъltimo que hubiera querido.
—No me echaron, me pidieron que aceptara la cancelaciуn de mi contrato. Y me dieron una indemnizaciуn de cuarenta libras. No me importa. Asн he tenido mбs tiempo para ayudar a Alice Stopford Green en sus gestiones para salvarte la vida. Eso es lo mбs importante ahora.
Cogiу la mano de su primo y se la apretу con ternura. Gee enseсaba hacнa muchos aсos en la escuela del Hospital de Queen Anne's, en Caversham, donde llegу a ser subdirectora. Siempre le gustу su trabajo, del que referнa divertidas anйcdotas en sus cartas a Roger. Y ahora, por su parentesco con un apestado, serнa una desempleada. їTendrнa de quй vivir o quien la ayudara?
—Nadie cree las infamias que estбn publicando contra ti —dijo Gertrude, bajando mucho la voz, como si los dos hombres que estaban allн pudieran no oнrla—. Todas las personas decentes estбn indignadas de que el Gobierno se valga de esas calumnias para quitarle fuerza al manifiesto que ha firmado tanta gente importante a tu favor, Roger.
Se le cortу la voz, como si fuera a sollozar. Roger la abrazу de nuevo.
—Te he querido tanto, Gee, queridнsima Gee —le susurrу al oнdo—. Y, ahora, todavнa mбs que antes. Siempre te agradecerй lo leal que has sido conmigo en las buenas y en las malas. Por eso, tu opiniуn es una de las pocas que me importa. їSabes que todo lo que he hecho fue por Irlanda, no es cierto? Por una causa noble y generosa, como es la de Irlanda. їNo es asн, Gee?
Ella se habнa puesto a sollozar, bajito, la cara aplastada contra su pecho.
—Tenнan diez minutos y han pasado cinco —recordу el
—Ahora, con tanto tiempo para pensar —dijo Roger, en el oнdo de su prima—, recuerdo mucho esos aсos en Liverpool, cuando йramos tan jуvenes y la vida nos sonreнa, Gee.