Tenнa un sabor amargo en la boca. Otro grave error: haber puesto demasiadas ilusiones en Alemania. Recordу la discusiуn con Herbert Ward, en Parнs, la ъltima vez que lo vio. Su mejor amigo en el Бfrica desde que se conocieron, jуvenes ambos y ansiosos de aventuras, des confiaba de todos los nacionalismos. Era uno de los pocos europeos cultos y sensibles en tierra Бfricana y Roger aprendiу mucho de йl. Intercambiaban libros, hacнan lecturas comentadas, hablaban y discutнan de mъsica, pintura, poesнa y polнtica. Herbert ya soсaba con ser alguna vez sуlo un artista y todo el tiempo que podнa robar a su trabajo lo dedicaba a esculpir tipos humanos Africanos en madera y en tierra. Ambos habнan sido crнticos severos con los abusos y crнmenes del colonialismo y cuando Roger se convirtiу en una figura pъblica y fue blanco de ataques por su Informe sobre el Congo, Herbert y Sarita, su mujer, ya instalados en Parнs y aquйl convertido en un prestigiado escultor que hacнa ahora vaciados en bronce sobre todo, siempre inspirados en Бfrica, fueron sus mбs entusiastas defensores. Tambiйn lo fueron cuando su Informe sobre el Putumayo, denunciando los crнmenes cometidos por los caucheros del Putumayo contra los indнgenas, provocу otro escбndalo alrededor de la figura de Casement. Herbert, incluso, habнa mostrado al principio simpatнa por la conversiуn nacionalista de Roger, aunque a menudo en sus cartas le bromeaba sobre los peligros del «fanatismo patriуtico» y le recordaba la frase del doctor Johnson segъn la cual «el patriotismo es el ъltimo refugio de los canallas». Las coincidencias encontraron un lнmite con el tema de Alemania. Herbert rechazу siempre con energнa la visiуn positiva, embellecedora, que Roger tenнa del canciller Bismarck, el unificador de los estados alemanes, y del «espнritu prusiano», que a йl le parecнa rнgido, autoritario, tosco, reсido con la imaginaciуn y la sensibilidad, mбs afнn al cuartel y a las jerarquнas militares que a la democracia y a las artes. Cuando, en plena guerra, supo, por las denuncias de los diarios ingleses, que Roger Casement se habнa ido a Berlнn a conspirar con el enemigo, le hizo llegar una carta, a travйs de su hermana Nina, poniendo fin a su amistad de tantos aсos. En la misma le hacнa saber que el hijo mayor de йl y de Sarita, un joven de diecinueve aсos, acababa de morir en el frente.

їCuбntos amigos mбs habнa perdido, gentes que, como Herbert y Sarita Ward, lo apreciaban y admiraban, y lo tenнan ahora por un traidor? Hasta Alice Stopford Green, su maestra y amiga, habнa objetado su viaje a Berlнn, aunque, desde que fue capturado, nunca volviу a mencionar esa discrepancia. їCuбntas personas mбs le tendrнan ahora asco por las vilezas que le achacaba la prensa inglesa? Un calambre en el estуmago lo obligу a encogerse en su camastro. Permaneciу asн un buen rato hasta que fue pasando aquella sensaciуn de tener en el vientre una piedra que le machacaba las entraсas.

En esos dieciocho meses en Alemania muchas ve ces se preguntу si no se habнa equivocado. No, al contra rio, los hechos habнan confirmado todas sus tesis, cuando el Gobierno alemбn hizo pъblica aquella declaraciуn —en gran parte redactada por йl mismo— manifestando su solidaridad con la idea de la soberanнa irlandesa y su voluntad de ayudar a los irlandeses a recobrar la independencia arrebatada por el Imperio britбnico. Pero, despuйs, en las largas esperas en Unter den Linden para ser recibido por las autoridades en Berlнn, las promesas incumplidas, sus enfermedades, sus fracasos con la Brigada Irlandesa, habнa empezado a dudar.

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