Ocurriу en julio de 1914, el mismo dнa que llegу a New York para promover los Irish Volunteers entre las comunidades irlandesas de los Estados Unidos, conseguir apoyo y armas, y entrevistarse con los lнderes nacionalistas de la filial norteamericana del IRB, llamada Clan na Gael, los veteranos luchadores John Devoy y Joseph McGarrity. Habнa salido a dar una vuelta por Manhattan, huyendo del hъmedo y candente cuartito de hotel abrasado por el verano neoyorquino, cuando fue abordado por un joven rubio y apuesto como un dios vikingo, cuya simpatнa, encanto y desparpajo lo sedujeron de inmediato. Eivind era alto, atlйtico, de caminar algo felino, una mirada azul profunda y una sonrisa entre arcangйlica y canalla. No tenнa un centavo y se lo hizo saber con una mueca cуmica, mostrбndole las fundas de sus bolsillos vacнos. Roger lo invitу a tomar una cerveza y a comer algo. Y le creyу todo lo que el noruego le contу: tenнa veinticuatro aсos y habнa huido de su casa en Noruega a los doce. Viajando como polizonte se las arreglу para llegar a Glasgow. Desde entonces, habнa trabajado como fogonero en barcos escandinavos e ingleses por todos los mares del mundo. Ahora, varado en New York, malvivнa como podнa.

ЎY Roger se lo habнa creнdo! En su estrecho camastro, se encogiу, adolorido, con otro de esos calambres en el estуmago que le cortaban la respiraciуn. Lo acometнan en los momentos de gran tensiуn nerviosa. Contuvo las ganas de llorar. Cada vez que le ocurrнa apiadarse y avergonzar se de sн mismo hasta el extremo de que se le llenaran los ojos de lбgrimas, se sentнa luego deprimido y asqueado. Nunca habнa sido un sentimental propenso a exhibir sus emociones, siempre habнa sabido disimular los tumultos que agitaban sus sentimientos tras una mбscara de perfecta serenidad. Pero su carбcter era otro desde que llegу a Berlнn acompaсado por Eivind Adler Christensen el ъltimo dнa de octubre de 1914. їHabнa contribuido al cambio que estuviera ya enfermo, quebrado y con los nervios rotos? En los ъltimos meses de Alemania sobre todo, cuando, pese a las inyecciones de entusiasmo que querнa inocularle el capitбn Robert Monteith, comprendiу que habнa fracasado su proyecto de la Brigada Irlandesa, comenzу a sentir que el Gobierno alemбn desconfiaba de йl (creyйndolo acaso un espнa britбnico) y supo que su denuncia de la supuesta conjura del cуnsul britбnico Findlay en Noruega para matarlo no tenнa la re percusiуn internacional que йl esperaba. El puntillazo fue descubrir que sus compaсeros del IRB y los Irish Volunteers en Irlanda le ocultaron hasta el ъltimo momento sus planes para el Alzamiento de Semana Santa. («Tenнan que tomar precauciones, por razones de seguridad», lo tranquilizaba Robert Monteith). Ademбs, se empeсaron en que permaneciera en Alemania y le prohibieron que fuera a unirse a ellos. («Piensan en su salud, seсor», los excusaba Monteith). No, no pensaban en su salud. Ellos tambiйn recelaban de йl porque sabнan que estaba en contra de una acciуn arma da si no coincidнa con una ofensiva bйlica alemana. El y Monteith tomaron el submarino alemбn contraviniendo las уrdenes de los dirigentes nacionalistas.

Pero, de todos sus fracasos, el mбs grande habнa sido confiar tan ciega y estъpidamente en Eivind/Lucifer. Este lo acompaсу a Filadelfia, a visitar a Joseph McGarrity.

Y estuvo a su lado, en New York, en el mitin organizado por John Quinn en el que Roger hablу ante un auditorio repleto de miembros de la Antigua Orden de los Hibernios, y, tambiйn, en el desfile de mбs de mil Irish Volunteers en Filadelfia, el 2 de agosto, a los que Roger arengу entre atronadores aplausos.

Desde el primer momento notу la desconfianza que Christensen provocaba en los dirigentes nacionalistas de los Estados Unidos. Pero йl fue tan enйrgico, asegurбndoles que debнan confiar en la discreciуn y la lealtad de Eivind como en las de йl mismo, que los dirigentes del IRB/Clan na Gael terminaron por aceptar la presencia del noruego en todas las actividades pъblicas de Roger (no en las reuniones polнticas privadas) en los Estados Unidos. Y consintieron que viajara con йl, como su ayudante, a Berlнn.

Lo extraordinario era que a Roger ni siquiera el extraсo episodio de Christiania lo hizo entrar en sospechas. Acababan de llegar a la capital noruega, rumbo a Alemania, cuando, el mismo dнa de la llegada, Eivind, que habнa salido a dar un paseo solo, fue —segъn le contу— abordado por desconocidos, secuestrado y llevado a la fuerza al consulado britбnico en 79 Drammensveien. Allн fue interrogado por el mismo cуnsul, Mr. Mansfeldt de Cardonnel Findlay. Este le ofreciу dinero para que revelara la identidad y las intenciones con que venнa a Noruega su acompaсante. Eivind jurу a Roger que no habнa revelado nada y que lo habнan soltado luego de que йl prometiera al cуnsul averiguar lo que querнan saber sobre ese seсor del que ignoraba todo, al que acompaсaba como mero guнa por una ciudad —por un paнs— que aquйl des conocнa.

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