ЎY Roger se habнa tragado esa fantбstica mentira sin pensar por un segundo que era vнctima de una emboscada! ЎHabнa caнdo en ella como un niсo idiota!

їTrabajaba ya entonces Eivind Adler Christensen para los servicios britбnicos? El capitбn de navio Reginald Hall, jefe de la Inteligencia Naval britбnica, y Basil Thom son, jefe del Departamento de Investigaciуn Criminal de Scotland Yard, sus interrogadores desde que lo trajeron detenido a Londres —tuvo con ellos larguнsimos y cordiales intercambios—, le dieron contradictorias indicaciones sobre el escandinavo. Pero Roger no se hacнa ilusiones al respecto. Ahora estaba seguro que era absolutamente falso que Eivind hubiera sido secuestrado en las calles de Christiania y llevado a la fuerza donde el cуnsul de pomposo apellido: Mansfeldt de Cardonnel Findlay. Los interroga dores le enseсaron, para desmoralizarlo sin duda —йl habнa comprobado lo finos psicуlogos que eran ambos—, el informe del cуnsul britбnico en la capital noruega a su jefe del Foreign Office, sobre la intempestiva llegada al consulado de 79 Drammensveien de Eivind Adler Christen sen, exigiendo hablar con el cуnsul en persona. Y cуmo revelу a йste, cuando el diplomбtico accediу a recibirlo, que acompaсaba a un dirigente nacionalista irlandйs que viajaba rumbo a Alemania con pasaporte falso y el nombre supuesto de James Landy. Pidiу dinero a cambio de esta informaciуn y el cуnsul le entregу veinticinco coronas. Eivind le ofreciу seguir proporcionando material privado y secreto sobre el personaje de incуgnito siempre y cuan do el Gobierno inglйs lo recompensara con largueza.

De otro lado, Reginald Hall y Basil Thomson hi cieron saber a Roger que todos sus movimientos en Alemania —entrevistas con altos funcionarios, militares y ministros del Gobierno en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Wilhelmstrasse asн como sus encuentros con prisioneros irlandeses en Limburg— habнan sido registrados con gran precisiуn por la inteligencia britбnica. De modo que Eivind, a la vez que simulaba complotar con Roger, preparando una trampa al cуnsul Mansfeldt de Cardonnel Findlay, siguiу comunicando al Gobierno inglйs todo lo que йl decнa, hacнa, escribнa, y sobre quiйnes recibнa y a quiйnes visitaba en su estancia alemana. «He sido un imbйcil y merezco mi suerte», se repitiу por enйsima vez.

En eso se abriу la puerta de la celda. Le traнan el almuerzo. їYa era mediodнa? Sumido en sus recuerdos, se le habнa pasado la maсana sin sentirlo. Si todos los dнas fueran asн, quй maravilla. Probу apenas unos bocados del caldo desabrido y el guiso de coles con trozos de pescado. Cuando el guardiбn vino a llevarse los platos, Roger le pidiу permiso para ir a limpiar el balde con excrementos y orina. Una vez al dнa le permitнan salir a la letrina a vaciarlo y enjuagarlo. Cuando volviу a la celda, se tumbу de nuevo en su camastro. La cara risueсa y hermosa de niсo travieso de Eivind/Lucifer volviу a su memoria y, con ella, el desбnimo y los ramalazos de amargura. Lo oyу susurrar «Te amo» en su oнdo y le pareciу que se enredaba en йl y lo estrujaba. Se oyу gemir.

Habнa viajado mucho, vivido intensas experiencias, conocido a toda clase de gentes, investigado crнmenes atroces contra pueblos primitivos y comunidades indнgenas de dos continentes. їY era posible que todavнa lo dejara estupefacto una personalidad de tanta doblez, inescrupulosidad y vileza como la del Lucifer escandinavo? Le habнa mentido, lo habнa engaсado sistemбticamente a la vez que, mostrбndose risueсo, servicial y afectuoso, lo acompaсaba como un perro fiel, lo servнa, se interesaba por su salud, iba a comprarle medicinas, llamaba al mйdico, le ponнa el termуmetro. Pero tambiйn le sacaba todo el dinero que podнa.

Y luego se inventaba esos viajes a Noruega con el pretexto de ir a visitar a su madre, a su hermana, para correr al consulado a dar informes sobre las actividades conspiratorias, polнticas y militares de su jefe y amante. Y asimismo cobraba tambiйn allн por esas delaciones. ЎY йl que creнa manejar el hilo de la trama! Roger habнa instruido a Eivind, ya que los britбnicos querнan matarlo —segъn el noruego, el cуnsul Mansfeldt de Cardonnel Findlay se lo habнa asegurado de manera literal—, para que le siguiera la corriente, hasta obtener pruebas de las intenciones criminales de los funcionarios britбnicos contra йl. Eso tambiйn se lo habнa comunica do Eivind al cуnsul їpor cuбntas coronas o libras esterlinas? Y, por eso, lo que Roger creyу serнa una operaciуn publicitaria demoledora contra el Gobierno britбnico —acusarlo pъblicamente de montar homicidios contra sus adversarios violentando la soberanнa de paнses terceros— no tuvo la menor repercusiуn. Su carta pъblica a sir Edward Grey, de la que habнa enviado copia a todos los Gobiernos representados en Berlнn, no mereciу siquiera acuse de recibo de una sola embajada.

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