їQuй hora era? No habнa podido acostumbrarse a no saber la hora en la que estaba. Quй muros tan espesos los de Pentonville Prison, pues, por mбs que esforzaba sus oнdos, nunca consiguiу escuchar los ruidos de la calle: campanas, motores, gritos, voces, silbatos. La bulla del merca do de Islington їla oнa de veras o la inventaba? Ya no lo sabнa. Nada. Un silencio extraсo, sepulcral, el de este momento, que parecнa suspender el tiempo, la vida. Los ъnicos ruidos que se filtraban hasta su celda provenнan del interior de la prisiуn: pasos apagados en el corredor contiguo, puertas metбlicas que se abrнan y cerraban, la gangosa voz del sheriff dando уrdenes a algъn carcelero. Ahora, ni siquiera del interior de Pentonville Prison le llegaba rumor alguno. El silencio lo angustiaba, le impedнa pensar. Tratу de retomar la lectura de la Imitaciуn de Cristo, de Tomбs de Kempis, pero no pudo concentrarse y volviу a poner el libro en el suelo. Intentу rezar pero la oraciуn le resultу tan mecбnica que la interrumpiу. Estuvo mucho rato quieto, tenso, desasosegado, con la mente en blanco y la mirada fija en un punto del techo que parecнa hъmedo, como si recibiera filtraciones, hasta quedarse dormido.

Tuvo un sueсo tranquilo, que lo llevу a las selvas amazуnicas, en una maсana luminosa y soleada. La brisa que corrнa sobre el puente del barco atenuaba los estragos del calor. No habнa mosquitos y se sentнa bien, sin el ardor en los ojos que tanto lo atormentaba en los ъltimos tiempos, infecciуn que parecнa invulnerable a todos los colirios y enjuagues de los oftalmуlogos, sin los dolores musculares de la artritis ni el fuego de las hemorroides que a veces parecнa un hierro candente en sus entraсas, ni la hinchazуn de los pies. No padecнa ninguno de esos malestares, enfermedades y achaques, secuelas de sus veinte aсos Africanos. Era joven otra vez y tenнa ganas de hacer aquн, en este anchнsimo rнo Amazonas cuyas orillas ni siquiera divisaba, una de esas locuras que habнa hecho tantas veces en el Бfrica: desnudarse y zambullirse desde la baranda del barco en esas aguas verdosas con gramalotes y manchas de espuma. Sentirнa el impacto del agua tibia y espesa en todo el cuerpo, una sensaciуn bienhechora, lustral, mientras se impulsaba hacia la superficie, emergнa, y comenzaba a dar brazadas, deslizбndose con la facilidad y la elegancia de un bufeo, al lado del barco. Desde la cubierta el capitбn y algunos pasajeros le harнan gestos aparatosos para que volviera a subir al barco, no se expusiera a morir ahogado o devorado por alguna yacumama, esas serpientes fluviales que tenнan aveces diez metros de largo y podнan deglutir a un hombre entero.

їEstaba cerca de Manaos? їDe Tabatinga? їDel Putumayo? їDe Iquitos? їRemontaba o descendнa el rнo? Quй mбs daba. Lo importante era que se sentнa mejor de lo que recordaba en mucho tiempo, y, mientras el barco se deslizaba despacio sobre esa superficie verdosa, el run rъn del motor acunando sus pensamientos, Roger repasaba una vez mбs lo que serнa su futuro, ahora que por fin habнa renunciado a la diplomacia y recuperado la total libertad. Devolverнa su piso londinense de Ebury Street y se irнa a Irlanda. Dividirнa su tiempo entre Dublнn y el Ulster. No entregarнa toda su vida a la polнtica. Reservarнa una hora al dнa, un dнa a la semana, una semana al mes para el estudio. Retomarнa el aprendizaje del irlandйs y un dнa sor prenderнa a Alice hablбndole en fluido gaйlico. Y las horas, dнas, semanas dedicadas a la polнtica se concentrarнan en la gran polнtica, la que tenнa que ver con el designio prioritario y central —la independencia de Irlanda y la lucha contra el colonialismo—, y rehuirнa desperdiciar su tiempo en las intrigas, rivalidades, emulaciones de los politicastros бvidos de ganar pequeсos espacios de poder, en el partido, en la cйlula, en la brigada, aunque para ello tuviera que olvidar e incluso sabotear la tarea primordial. Viajarнa mu cho por Irlanda, largas excursiones por los glens de Antrim, Donegal, por el Ulster, por Galway, por lugares apartados y aislados como la comarca de Connemara y Tory Island donde los pescadores no sabнan inglйs y sуlo hablaban en gaйlico, y harнa buenas migas con esos campesinos, arte sanos, pescadores que, con su estoicismo, su laboriosidad, su paciencia, habнan resistido la aplastante presencia del colonizador, conservando su lengua, sus costumbres, sus creencias. Los escucharнa, aprenderнa de ellos, escribirнa en sayos y poemas sobre la gesta silenciosa y heroica de tantos siglos de esas gentes humildes gracias a las cuales Irlanda no habнa desaparecido y era todavнa una naciуn.

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