—Tal vez usted y yo tengamos un concepto distinto de lo que es civilizaciуn, mi amigo —dijo Roger Casement, siempre con ese tonito de bonhomнa que parecнa irritar sobremanera a Vнctor Israel.
En la misma mesa del pуquer estaban el botбnico Walter Folk y Henry Fielgald, en tanto que los otros miembros de la Comisiуn se habнan tumbado en sus ha macas para descansar. Era una noche serena, tibia y una luna llena iluminaba las aguas del Amazonas con un resplandor plateado.
—Me gustarнa saber cuбl es su idea de la civilizaciуn —dijo Vнctor Israel. Sus ojos y su voz echaban chispas. Su irritaciуn era tanta que Roger se preguntу si el cauchero no irнa de repente a sacar el arqueolуgico revуlver que llevaba en su cartuchera y a dispararle.
—Se podrнa sintetizar diciendo que es la de una sociedad donde se respeta la propiedad privada y la libertad individual —explicу, con mucha calma, todos sus sentidos alertas por si Vнctor Israel intentaba agredirlo—. Por ejemplo, las leyes britбnicas prohiben a los colonos ocupar las tierras de los indнgenas en las colonias. Y prohiben tambiйn, con pena de cбrcel, emplear la fuerza contra los nativos que se niegan a trabajar en las minas o en los campos. Usted no piensa que la civilizaciуn sea eso. їO me equivoco?
El flaco pecho de Vнctor Israel subнa y bajaba agitando la extraсa blusa con mangas bombachas que llevaba abotonada hasta el cuello y el chaleco colorado. Tenнa ambos pulgares metidos en los tirantes y sus ojitos triangulares estaban inyectados como si sangraran. Su boca abierta mostraba una hilera de dientes desiguales mancha dos de nicotina.
—Segъn ese criterio —afirmу, burlуn e hiriente—, los peruanos tendrнan que dejar que la Amazonia continuara en la Edad de Piedra por los siglos de los siglos Para no ofender a los paganos ni ocupar esas tierras con las que no saben quй hacer porque son perezosos y no quieren trabajar. Desperdiciar una riqueza que podrнa levantar el nivel de vida de los peruanos y hacer del Perъ un paнs moderno. їEso es lo que propone la Corona britбnica para este paнs, seсor Casement?
—La Amazonia es un gran emporio de riquezas sin duda —asintiу Casement, sin alterarse—. Nada mбs justo que el Perъ las aproveche. Pero sin abusar de los nativos, sin cazarlos como animales y sin trabajo esclavo Mбs bien, incorporбndolos a la civilizaciуn mediante es cuelas, hospitales, iglesias.
Vнctor Israel se echу a reнr, estremeciйndose como un muсeco de resortes.
—ЎEn quй mundo vive usted, seсor cуnsul! —exclamу, alzando sus manos de largos dedos esquelйticos de manera teatral—. Se nota que no ha visto en su vida a un canнbal. їSabe a cuбntos cristianos se han comido los de aquн? їA cuбntos blancos y cholos han dado muerte con sus lanzas y dardos envenenados? їA cuбntos les han reducido las cabezas como hacen los shapras? Ya hablaremos cuando tenga un poco mбs de experiencia de la barbarie.
—Vivн cerca de veinte aсos en el Бfrica y sй algo de esas cosas, seсor Israel —le asegurу Casement—. Dicho sea de paso, allн conocн a muchos blancos que pensaban como usted.
Para evitar que la discusiуn se agriara aъn mбs Walter Folk y Henry Fielgald desviaron la conversaciуn hacia temas menos espinosos. Esta noche, en su desvelo despuйs de diez dнas en Iquitos entrevistando a gente d< toda condiciуn, de anotar decenas de opiniones recogida: aquн y allб de autoridades, jueces, militares, dueсos de restaurantes, pescadores, proxenetas, vagos, prostitutas y meseros de burdeles y bares, Roger Casement se dijo que la inmensa mayorнa de los blancos y mestizos de Iquitos, peruanos y extranjeros, pensaban como Vнctor Israel. Para ellos los indнgenas amazуnicos no eran, propiamente ha blando, seres humanos, sino una forma inferior y despreciable de la existencia, mбs cerca de los animales que de los civilizados. Por eso era legнtimo explotarlos, azotarlos, secuestrarlos, llevбrselos a las caucherнas, o, si se resistнan, matarlos como a un perro que contrae la rabia. Era una visiуn tan generalizada del indнgena que, como decнa el padre Ricardo Urrutia, nadie se asombraba de que los domйsticos de Iquitos fueran niсas y niсos robados y vendidos a las familias loretanas por el equivalente de una o dos libras esterlinas. La angustia lo obligу a abrir la boca y respirar hondo hasta que llegara el aire a los pulmones. Si sin salir de esta ciudad habнa visto y sabido estas cosas їquй no verнa en el Putumayo?