Debнa describir con claridad el sistema de explotaciуn del caucho basado en el trabajo esclavo y en el mal trato de los indнgenas atizado por la codicia de los jefes que, como trabajaban a porcentaje del caucho recogido, se valнan de los castigos fнsicos, mutilaciones y asesinatos para aumentar la recolecciуn. La impunidad y su poder absoluto habнan desarrollado en estos individuos tendencias sбdicas, que, aquн, podнan manifestarse libremente contra esos indнgenas privados de todos los derechos.

їServirнa su informe? Por lo menos para que la Peruvian Amazon Company fuera sancionada, sin duda. El Gobierno britбnico pedirнa al Gobierno peruano que lle vara a los tribunales a los responsables de los crнmenes. їSe atreverнa el presidente Augusto B. Leguнa a hacerlo? Juan Tizуn decнa que sн, que, al igual que en Londres, en Lima estallarнa un escбndalo cuando se supiera lo que aquн ocurrнa. La opiniуn pъblica exigirнa castigo para los culpables. Pero Roger dudaba. їQuй podнa hacer el Gobierno peruano en el Putumayo, donde no tenнa un solo representante y donde la Compaснa de Julio C. Arana se jactaba, con razуn, de ser ella, con sus bandas de asesinos, la que man tenнa la soberanнa del Perъ sobre estas tierras? Todo se quedarнa en algunos desplantes retуricos. El martirio de las comunidades indнgenas de la Amazonia proseguirнa, hasta su extinciуn. Esta perspectiva lo deprimнa. Pero, en vez de paralizarlo, lo incitaba a esforzarse mбs, investigan do, entrevistando y escribiendo. Tenнa ya un alto de cuadernos y fichas escritos con su letra clara y apurada.

De Ultimo Retiro pasaron a Entre Rнos, en un desplazamiento por rнo y por tierra que los llevу a sumergirse en la maleza toda una jornada. La idea encantу a Roger Casement: en ese contacto corporal con la naturaleza bravнa revivirнa sus aсos mozos, las largas expediciones de su juventud por el continente Africano. Pero, aunque en esas doce horas de recorrido por la selva, hundiйndose a ratos hasta la cintura en el fango, resbalando en matorrales que ocultaban pendientes, haciendo ciertos tramos en canoas que, al impulso de las pйrtigas de los indнgenas, se deslizaban por unos «caсos de agua» delgadнsimos sobre los cuales descendнa un follaje que oscurecнa la luz del sol, sintiу a veces la excitaciуn y la alegrнa de antaсo, la experiencia le sirviу sobre todo para comprobar el paso del tiempo, el desgaste de su cuerpo. No sуlo era el dolor en los brazos, la espalda y las piernas, tambiйn el cansancio invencible contra el que tuvo que luchar haciendo esfuerzos denodados para que sus compaсeros no lo notaran. Louis Barnes y Seymour Bell quedaron tan agotados que, desde la mitad del viaje, debieron ser cargados en hamacas cada uno por cuatro indнgenas de la veintena que los escoltaba. Roger observу, impresionado, cуmo estos indios de piernas tan delgadas y contextura esquelйtica se desplazaban con des envoltura llevando sobre los hombros sus equipajes y pro visiones, sin comer ni beber durante horas. En uno de los descansos, Juan Tizуn aceptу el pedido de Casement y ordenу que se repartieran varias latas de sardinas entre los indнgenas.

Durante el recorrido vieron bandadas de loros y esos monitos juguetones de ojos vivнsimos llamados «frailecillos», muchas clases de pбjaros, e iguanas de ojos legaсosos cuyas pieles rugosas se confundнan con las ramas y troncos en los que estaban aplastadas. Y, asimismo, una victoria regia, esas hojas circulares enormes que flotaban en las lagunas como balsas.

Llegaron a Entre Rнos al atardecer. La estaciуn es taba convulsionada porque un jaguar se habнa comido a una indнgena que se alejу del campamento para ir a parir, sola, como acostumbraban las nativas, a orillas del rнo. Una partida de cazadores habнa salido en busca del jaguar, en cabezada por el jefe, pero volvieron, ya al anochecer, sin haber dado con la fiera. El jefe de Entre Rнos se llamaba Andrйs O'Donnell. Era joven y apuesto y decнa que su padre era irlandйs, pero Roger, despuйs de interrogarlo, advirtiу en йl un despiste tan grande respecto a sus ante pasados y a Irlanda, que probablemente fue mбs bien el abuelo o el bisabuelo de O'Donnell el primer irlandйs de la familia en pisar tierra peruana. Le apenу que un descendiente de irlandeses fuera uno de los lugartenientes de Arana en el Putumayo, aunque, segъn los testimonios, parecнa menos sanguinario que otros jefes: se lo habнa visto azotar a indнgenas y robarles sus mujeres y sus hijas para su harйn particular —tenнa siete mujeres viviendo con йl y una nube de hijos—, pero en su prontuario no figuraba haber matado a nadie con sus manos ni haber ordenado asesinatos. Eso sн, en un lugar visible de Entre Rнos, se alzaba el cepo y todos los «muchachos» y barbadenses llevaban lбtigos a la cintura (algunos los usaban como correas para los pantalones). Y gran nъmero de indios e indias lucнan cicatrices en las espaldas, piernas y nalgas.

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